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Nuevo contenedor. ¿Cuántos van ya? No importa. Se ha podido recoger todo este material y ahora hay que hacer que llegue a su destino. El viernes 26 fui a ver el material que estaba preparado para enviar a Perú. A nuestra vista, no demasiado experta, era imposible que todo aquello cupiese en un contenedor. Como profano en la materia la primera pregunta era: ¿Esto será útil en las ciudades a las que lo enviáis? Teresa me respondió que todo se enviaba con conocimiento y consentimiento de los encargados sobre el terreno que habían dicho lo que les hacía falta y lo que sería una pérdida de tiempo. Todo sale etiquetado, con explicación del contenido de la caja y el lugar a donde se destina. María ha prometido darme la lista de lo enviado como hizo la vez anterior. Eso me tranquilizó, sobre todo cuando me dijo que, en una caja construida al efecto se encerraba un ecógrafo [esa gran máquina que permite ver en una pantalla de TV nuestro interior, cabeza, estómago, hígado, niño en gestación]. Me dijo que sabían que sería complicado ponerlo apunto, pero que contaban con entendidos que se encargarían de todo. Procede del hospital La Fe de Valencia que nos lo ha cedido con todos los permisos preceptivos.
Luego vi una silla de dentista y me explicaron que dentro de las cajas que estaban junto a ella se encontraban todos los elementos de un clínica dentista. Es una maravilla si todo esto se pone en funcionamiento en Perú. En un apartado al fondo se amontonaban cajas y cajas de medicinas que habían sido clasificadas con toda paciencia por entendidos médicos. Había una pila de cajas de ordenadores. Increíble. La Generalidad había destinado un montón de ordenadores que había retirado. Todos en buen estado. Estaban allí con sus pantallas, sus teclados, sus ratones, sus impresoras, sus cables. Y luego tres baterías de cajas de ropa, material escolar y algunos muebles escolares. Un lote importante de este material escolar ha sido ofrecido por una ONG de Majadahonda (Madrid). Un montón de material escolar y libros (de texto, de lectura, instructivos, literatura...) ha sido aportado por la fundación P. Juan Schenk de Valencia y la editorial EDICEP.
Etapa final de la carga. Ya todo son paquetes pequeños Había un problema: estaba lloviendo a mares. El día siguiente, a las 8 de la mañana, estaría el contenedor de 40 pies delante del bajo utilizado para almacenar todo el material. Si ese día continuaba lloviendo habría que improvisar algo: un toldo, acercar mucho el camión a la puerta... porque algún material podría ser dañado por la lluvia (lluvia muy abundante, 130 l/m2 durante el viernes). Gracias a Dios el sábado fue un día frío y oscuro, pero no llovía. Eso permitió trabajar sin problema en la carga del precioso material preparado. A las 10 ya estaba cargado todo lo más difícil por voluminoso o frágil y se había colocado adecuadamente. Quedaba libre medio contenedor y faltaba colocar las cajas casi todas de igual tamaño que hacen más fácil su colocación.
La máquina facilitó mucho el trabajo Gracias a tanta gente por esa dedicación, por tanto esfuerzo que hace posible un envío tras otro. La gente es más buena de lo que creemos. Hay que ver el número de horas de trabajo, de viajes que hay detrás de todo lo que hoy sale en este contenedor.
El contenedor ya está lleno. Ha participado mucha gente en la tarea. Y hasta el sol se atreve a dejarse ver un poquito Y aquí no termina el trabajo: hay que cuidar la salida de España, la llegada a puerto en Perú, el envío a cada ciudad de la selva. Pero no se preocupen: allí hay muchas personas que lo harán posible con todo cariño hacia la gente de la selva. Muchas gracias a todos, los de aquí y los de allá. En otra página indicamos el número de cajas de cada material enviado.
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