38667

Fr. Antonio es religioso franciscano, misionero en Jenaro Herrera (Perú) y natural de Valencia, donde nació en el año 1948. En su visita a España para descansar un par de meses, nos hemos acercado a él para conocerle y que comparta con nosotros sus impresiones sobre la vida en la selva del Perú.

¿Cuánto tiempo llevas en la selva del Perú?

Ocho años, cinco los pasé en Contamana y los últimos en Jenaro Herrera.

¿Cómo fue eso de irte para las misiones cuando llevabas muchos años como franciscano en España, concretamente en Alcoy, Ontinyent, Petra, por decir algunos de tus destinos?

Desde hace muchos años había venido pidiendo a los Ministros Provinciales ir a las misiones. Cuando llegó el momento de celebrar mis bodas de plata de profesión pedí un año sabático. El Provincial, en vez de concederme un año sabático, al estar “harto” de oírme decir que quería ir al Perú, me dio permiso para hacerlo, pero durante tres meses. Acepté la propuesta y fui. Transcurrió ese tiempo, y a la vuelta hablé de nuevo con el Provincial para pedirle no ya tres meses, sino una estancia permanente. Como había capítulo provincial, me comentó que si salía elegido de nuevo, no tendría inconveniente en dejarme ir. No salió él, sino otro hermano, con quien hablé en los mismos términos que con el anterior Ministro, y fue quien me dio permiso. Muchas veces lo pedí y por fin lo conseguí.

¿Cómo fueron tus inicios en una realidad tan distinta para ti?

En general me costó muy poco la adaptación. La comida me resultó novedosa pero no hubo mayor problema. En unos quince días me hice a estar en la selva. En cualquier caso, vivir con la mentalidad que traemos de España es un poco difícil, porque piensan diferente, las costumbres son distintas. Pero me hice a todo enseguida. Este periodo de adaptación lo pasé en Contamana, cuando tuve que marchar a Jenaro Herrera no me costó nada.

Fr. Antonio acompañado por María Oliver y Rodolfo Ruiz, momentos antes de la entrevista

Es cierto que te encuentras con animales que resultan incómodos, tales como mosquitos, cucarachas, izangos, pero se puede soportar. Respecto a otros animales, no ha habido mayor problema: cocodrilos los he visto unas cuantas veces en la margen de los ríos, serpientes una en mi habitación llamada “tacataca” que dicen es bastante venenosa, pero la pude matar. En general, he de decir que todo me fue muy bien, con mucha felicidad y alegría.

Acércanos al carácter de la gente de la selva peruana

La gente es sencilla y buena, la religión es un poco especial: si se acercan al padrecito o a la madrecita en muchas ocasiones es para ver si pueden conseguir un poco de plata (dinero) o lo que sea. Y he de decir que aprecian más o menos a los misioneros.

¿Cómo os ve la gente a los misioneros?

La gente, por desgracia, nos ve como personas que tenemos mucha plata, que puedes vivir muy bien. Un ejemplo: ahora hay algo de problema con el petróleo pues parece que quieren hacer pozos. El único que se ha negado a realizar los sondeos he sido yo. Ante esta situación, la reacción de la gente es: “como el padrecito tiene con qué vivir, por eso dice que no, pero nosotros necesitamos plata”. Piensan que nosotros tenemos muchísima plata.

¿Cuál es la situación de las familias medias de un poblado como Jenaro Herrera?

Vivir allá es difícil, porque no hay trabajo, el trabajo que tienen se les paga muy mal, unos diez soles al día (dos euros y medio). Por eso, la mayoría de las familias lo pasan mal. Los únicos que pueden vivir algo mejor, aunque no bien, son los maestros y los funcionarios de la municipalidad y del estado. Los demás viven bastante mal.

¿Qué factores intervienen para que poblados como Jenaro Herrera y otros tantos que se sitúan en las márgenes de los ríos no puedan desarrollarse?

A los agricultores y pescadores se les paga una miseria de los productos que recogen, tales como el arroz, el maíz, la yuca, los plátanos. Lo mismo sucede con el pescado. En conclusión, el intermediario es quien gana dinero. Sacan nada más para vivir al día. Si el gobierno pusiera fábricas para trabajar la madera algo se podría mover, pero con lo que ellos trabajan nunca podrán progresar como a lo mejor se progresa en otras partes del Perú, pues ellos tienen que llevar todos sus productos a Iquitos por medio de la lancha, lo que les cuesta mucho tiempo y dinero, y cuando llega a su destino los intermediarios les dan lo que quieren, que siempre es mínimo.

Fr. Antonio vino para dos meses de descanso, tras tres años de permanencia continua en la selva

¿Es gratificante vivir en la selva?

Yo, al menos, estoy muy a gusto. Ya estoy pensando en el día 12 (de junio) en mi regreso al Perú (la entrevista la realizamos el día 8 de junio).

¿Por qué?

Yo que sé. Dicen que la selva tiene algo de embrujador de modo que el que va allá no quiere volver.

Pero hay mucha gente de la selva que le encantaría salir de la misma.

Los peruanos no quieren estar allá, y los que pueden salir, salen. Pero yo creo que los misioneros nos situamos en un plano distinto. Estamos trabajando para estar con los hermanos, atender a los hermanos y vivir con ellos, aunque nunca podremos vivir como ellos.

¿Cambia la experiencia de Dios de vivir aquí a vivir allá?

Yo les digo a los jóvenes: “Jesús está más contento en esta iglesia nuestra un poco desastrada, que en muchas grandes catedrales”. Cambia muchísimo la experiencia de fe de estar en España a vivir con los pobres.

¿Cómo vive la comunidad cristiana su fe?

Creo que la vive un poco mejor en Perú que en España. Por ejemplo: cuando aquí celebramos la eucaristía y pasa de la media hora la gente se pone nerviosa, allá podemos estar una hora o una hora y media y la gente parece que la vive con mayor intensidad, pues participa más.

Por otro lado, las costumbres y la fe de allá tiene una carga de superstición bastante importante: cuando celebran procesiones o realizan oraciones esperan que de un momento a otro baje del cielo aquello que están pidiendo. Yo les digo: “a Dios rogando y con el mazo dando”. No tienen que esperar a que venga todo del cielo, sino que tenemos que trabajar nosotros para que venga.

¿Cómo se encuentra el país a nivel político, económico, social…?

Mucha gente tiene la impresión de que el Perú no va bien. El actual presidente de la república ocupó ya este cargo y el país quedó ciertamente maltrecho. En la actualidad se comienzan a producir huelgas, hay subidas importantes de impuestos y la gente comienza a hartarse. Claro que, si uno hace caso a lo que dicen los medios de comunicación, todo marcha muy bien y no pasa nada.

Fr. Antonio apunto de tomar un avión en el "aeropuerto" de Contamana

Estuviste en la 3ª Asamblea General de Hesed-Perú, así como en el concierto y en la cena. ¿Qué te pareció el ambiente?

Muy bueno, encantado de participar en aquellos actos. Pude conocer con detalle el trabajo que Hesed-Perú realiza en el vicariato, y confío en que sigáis en esa línea, incluso que podáis ampliar vuestra acción. Espero que podáis hacer muchos proyectos, y que ellos tengan repercusión en muchos más lugares del Vicariato. Nosotros tenemos en proyecto unas aulas profesionales (taller de confección, aula de ordenadores, carpintería…) para que los jóvenes aprendan un oficio y ciertamente necesitamos ayuda.

Por nuestra parte, como ONGD no tenemos ningún problema en estudiar y dar luz verde a cuantos proyectos bien justificados nos lleguen y, por supuesto, nuestro compromiso como ONGD también pasa por Jenaro Herrera, donde ya se han realizado y se realizan proyectos nuestros.

Por último, ¿qué dirías a nuestros lectores de la revista de Hesed-Perú?

Sencillamente les diría que no se olviden de los hermanos que están en el Perú. Que la ayuda de todos, especialmente de la ONGD Hesed-Perú, hace falta de verdad para aquella realidad. Adelante y mucho ánimo.