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En este apartado de Sensibilización, hemos ido abordando cuestiones relacionadas con las Amenazas a la Infancia y Los Derechos Humanos; con el nuevo año, iniciamos otro de los temas fundamentales: “La salud en el mundo”.

La salud es el fundamento esencial que apoya y nutre el crecimiento, el aprendizaje, el bienestar personal y social y el desarrollo económico. Hay evidencias de la relación de causalidad recíproca entre salud y desarrollo; por un lado, las limitaciones que conllevan los bajos ingresos restringen el acceso a la atención sanitaria y las oportunidades de promoción de la salud y, por otra parte, la mala salud limita las posibilidades de las personas de incrementar sus ingresos, lo que contribuye a la pobreza.

La salud constituye un exponente de la desigualdad entre los países ricos y pobres. En los países en desarrollo hay una transición epidemiológica de enfermedades infecciosas a crónicas, experimentando una doble carga: aún sufren altas tasas de morbilidad y mortalidad a causa de las enfermedades tradicionales de la pobreza, pero también se enfrentan a la obesidad, la diabetes, el cáncer de pulmón y enfermedades cardíacas. Además, es importante señalar la disparidad de los recursos dedicados a la investigación: sólo un 10% de los recursos mundiales de investigación se dirigen a las enfermedades causantes de un 90% de la discapacidad y mortalidad (enfermedades de los países en vías de desarrollo: paludismo, dengue…); el 90% restante se invierte en las enfermedades de las sociedades occidentales.

Declaraciones Internacionales relacionadas con la salud.

Haciendo un breve recorrido de las Declaraciones Internacionales aprobadas por la mayoría de los países en el campo de la salud, quizás pueda llegar a sorprendernos la lentitud para desarrollar e implementar los acuerdos que se establecieron en dichas Declaraciones:

  1. En la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, se estableció que “todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, en ella, se nos recuerda que la salud es un derecho fundamental de la persona.
  2. La Declaración de Alma Ata de 1978, tenía 10 puntos principales, de entre ellos reseñamos los siguientes:

    a) la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad;

    b) la promoción y protección de la salud de la población son esenciales para mantener el desarrollo económico y social y contribuyen a una mejor calidad de vida y a la paz en el mundo;

    c) todos los países deberían cooperar con un espíritu de fraternidad y de servicio para asegurar la atención primaria sanitaria a toda la población, ya que la consecución de la salud, por parte de la población de un país, directamente afecta y beneficia a cualquier otro país;

    d) puede conseguirse un nivel aceptable de salud para todo el mundo en el año 2000, mediante una utilización mejor y más completa de los recursos mundiales, gran parte de los cuales se gastan hoy día en conflictos militares.

  1. La Convención de los Derechos de los Niños en 1989, supuso un paso gigantesco para los niños y niñas, que pasaron de haber sido considerados como objetos de protección a ser reconocidos como sujetos activos de derechos.
  2. En el Pacto Internacional "Un mundo apropiado para los niños" de 2002, se adquirió el compromiso de promover el mejor comienzo en la vida y una buena salud para los niños, ofrecer una educación de calidad, proteger a los niños contra los malos tratos, la explotación y la violencia y luchar contra el VIH/SIDA.
  3. Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) 2000, abarcan ocho metas primarias para alcanzarse en 2015. Estos Objetivos traducen el compromiso por parte de los líderes mundiales de afrontar las formas más básicas de injusticia y desigualdad de nuestro mundo: la mala salud, el analfabetismo y la pobreza. La salud ocupa un lugar central y está representada en tres de los ocho objetivos, y se prevé su contribución al logro de los demás objetivos.

Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionadas con la salud.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados, directa o indirectamente, con la salud son:

Objetivo número 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre;
Objetivo número 4: Reducir la mortalidad infantil;
Objetivo número 5: Mejorar la salud materna;
Objetivo número 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades;
Objetivo número 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y el
Objetivo número 8: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

En este artículo abordaremos el Objetivo número 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre y el Objetivo número 4: Reducir la mortalidad infantil.

Objetivo número 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre

Este objetivo establece la meta de “Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas que padezcan hambre”. Se podrá medir a través de unos indicadores:

  • Número de niños menores de 5 años de peso inferior al normal.
  • Porcentaje de la población por debajo del nivel mínimo de consumo de energía alimentaria.

La malnutrición contribuye a la mitad de las muertes infantiles, siendo un importante indicador de la salud pública. Los niños pequeños son los más vulnerables a ella y los que más riesgo tienen de padecer sus consecuencias adversas.

La malnutrición no se debe únicamente a la falta de alimentos, sino también a los efectos debilitadores de enfermedades infecciosas, como la diarrea y la neumonía, y a la falta de una atención adecuada.

Según la Organización Mundial de la Salud en el informe de “La salud y los Objetivos de Desarrollo del Milenio de 2005”, hasta ahora, los avances en la reducción de la malnutrición infantil han sido lentos, todavía hay más de 150 millones de niños menores de cinco años del mundo en desarrollo, mal nutridos; por otra parte, más de 815 millones de personas padecen hambre en el mundo en desarrollo. La falta de alimentos se debe principalmente al incremento de la población y a la escasa producción agrícola, afectando principalmente a las zonas rurales, sobre todo a las personas que no poseen tierras o a los agricultores cuyas parcelas son demasiado pequeñas para cubrir sus necesidades.

Entre las estrategias destinadas a combatir la malnutrición infantil cabe citar la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida del niño, el aporte de vitaminas, la reducción de las enfermedades infecciosas y la mejora del acceso a servicios básicos como el agua y los saneamientos.

Objetivo Número 4: Reducir la mortalidad infantil

La meta de este objetivo es “Reducir en dos terceras partes, entre 1990 y 2015, la mortalidad de los niños menores de cinco años”. Se podrá evaluar a través de los siguientes indicadores:

  • Tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años.
  • Tasa de mortalidad infantil.
  • Porcentaje de niños de un año vacunados contra el sarampión.

La mortalidad infantil ha descendido por debajo de los 10 millones anuales por vez primera desde que se registran este tipo de estadísticas, según el informe “Estado Mundial de la Infancia” (UNICEF 2008). La disminución del número de fallecimientos infantiles, que ha pasado de los 20 millones en 1960 a los 9,7 millones en 2006 es una buena noticia, ensombrecida por la realidad de que todavía mueren cada día 27.000 menores de cinco años por causas evitables y casi todas esas muertes ocurren en el mundo en desarrollo.

El informe señala además, que los países con menos posibilidad de cumplir este objetivo, son los de Oriente medio, los del sur de Asia y los del continente africano, especialmente los del África Subsahariana, donde todavía uno de cada seis niños no llega a cumplir los cinco años. “De un total de 46 países, sólo tres están en condiciones de poder lograr esta meta”, resalta el informe.
El estudio, también destaca que los problemas neonatales (36%), la neumonía (19%), la diarrea (18%), la malaria (8%) el sarampión (4%) y el sida (3%) son los causantes de esta elevada mortalidad. Todas “causas evitables”, según Unicef, incluso en países con graves problemas económicos y en situación de conflicto.

Existen intervenciones eficaces de bajo costo que permitirían prevenir al menos dos de cada tres de esas muertes. Algunas de ellas son preventivas, como por ejemplo la lactancia materna exclusiva, el uso de mosquiteras tratadas con insecticida, la alimentación complementaria, el zinc, los suplementos de vitamina A, una mejor asistencia al parto y las inmunizaciones; otras implican alguna forma de tratamiento, como la terapia de rehidratación oral, los antibióticos para casos de septicemia y neumonía, los antimaláricos y la reanimación de recién nacidos.

Si bien, en lo que atañe a la mortalidad en la niñez, se han logrado importantes progresos durante los últimos 10 años, la mortalidad entre los recién nacidos apenas ha mejorado. Cada año, casi cuatro millones de lactantes mueren antes de cumplir su primer mes de vida. La mayoría de las defunciones de neonatos son el resultado de un mal estado sanitario y nutricional de la madre, de una atención inexistente o de baja calidad durante el embarazo y el parto, y de las insuficiencias de la atención básica prestada a los niños sanos y el manejo de los lactantes enfermos.

Por ello, es necesario adoptar urgentemente medidas para mejorar la salud y la supervivencia de los recién nacidos y sus madres. Unos servicios de maternidad de alta calidad, incluida la intervención de parteras cualificadas en el parto, pueden salvar la vida tanto de muchos recién nacidos como de sus madres. La lactancia materna precoz y exclusiva protege la vida de los neonatos.

Según un informe de La Organización Mundial de la Salud de enero de 2008, se han hecho importantes avances hacia la consecución de este objetivo en todas las regiones, excepto en el África subsahariana, donde en la actualidad se registran aproximadamente la mitad de los 9,7 millones anuales de muertes de menores de cinco años. Se calcula que en 2006 la tasa de mortalidad de los menores de cinco años fue de 160 por 1000 nacidos vivos en el África subsahariana, frente a 83 en Asia meridional, 29 en Asia oriental, y 27 en Latinoamérica.

El informe de UNICEF 2008 citado anteriormente, subraya que una mayor cobertura de vacunación contra el sarampión y las campañas de seguimiento han contribuido a un descenso de un 60% de las muertes por sarampión en el mundo y una reducción de un 75% en África subsahariana entre 1999 y 2005.

Si persisten hasta 2015 las tendencias registradas en la década de los noventa en las tasas de mortalidad de menores de cinco años, la reducción de esa tasa a nivel mundial entre 1990 y 2015 será de aproximadamente una cuarta parte (25%), resultado que dista mucho de las dos terceras partes (66.6%) fijadas como objetivo.

A modo de conclusión:

Parece que los deseos de cumplir los compromisos adquiridos, tanto a nivel personal, como institucional o gubernamental, suelen quedar en eso, “en deseos”. En esta sociedad en la que todo cambia a velocidades vertiginosas, donde lo más importante es tener el último modelo de coche, la “play” de última generación, etc, donde los valores y sentimientos de las personas ya no se cotizan, donde no se suelen afrontar los problemas sino que se dejan pasar, resulta muy difícil asumir nuestra responsabilidad ante el incumplimiento de los acuerdos aprobados por los gobiernos. Mientras tanto, miles de personas mueren a consecuencia de enfermedades que pueden prevenirse, las muertes de los niños pasan desapercibidas… ¿Nos hemos inmunizado ante el sufrimiento humano?.

Escuchemos el llanto de los niños hambrientos, los gemidos de las madres que mueren durante el parto, las voces de las niñas que son violadas y tantas otras voces que son silenciadas. De ese modo, seremos sensibles a lo que le ocurra a cualquier persona de cualquier parte del mundo; un mundo sin divisiones, un mundo en el que cada vida cuenta.