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EL SENTIMIENTO DEL PROPIO VALOREn el sentimiento del propio valor no se trata sólo de confiar en sí mismo, en el mundo y en Dios, sino de descubrir la propia singularidad única. Cada persona representa una imagen que Dios se ha formado singularmente. Dios pronuncia sobre cada persona una palabra original dirigida únicamente a ella (Romano Guardini). Cada persona es una palabra ‘encarnada’ de Dios. Y nuestra tarea consiste en hacer que esa palabra singularísima de Dios sea perceptible en nuestra vida. El sentimiento del propio valor significa la sensibilidad para captar esa imagen de Dios que soy yo mismo. Quizá no me manifieste con conciencia de mí mismo y con seguridad en mí mismo, pero sentiré el misterio de mi existencia singularísima y única. Renunciaré a compararme con otros y a realzar mis puntos fuertes. Mi singularidad única consiste en que estoy formado por Dios (Sal 139, 13ss). El sentimiento de la propia singularidad es importante para la formación de un buen sentimiento del propio valor. Un niño desarrolla un fuerte sentimiento del propio valor cuando es tomado en serio en su singularidad única por sus padres, cuando se respetan sus sentimientos, cuando se le permite ser él mismo. Cuando esto no sucede, el niño reacciona con desconfianza, se siente herido en su interior y se cierra. Esa herida es la causante de que “nos convirtamos en niños adultos con falta de independencia y vergonzosos” (John Bradshaw); en seres carentes de estima personal; y el único sentimiento de singularidad es el de ser un ‘bicho raro’. El sentimiento del propio valor no es innato. Se aprende en el seno de la familia. De los mensajes que un niño recibe de sus padres dependerá el que él se sienta aceptado y valioso. Para que pueda formarse un buen sentimiento del propio valor, hace falta una atmósfera de apertura. Virginia Satir expone una bonita imagen de lo que es el sentimiento del propio valor. Emplea como imagen una gran olla de metal, que puede estar llena de muchas cosas o llena de agujeros, según el sentimiento de energía y del propio valor. Por medio de la olla, se puede expresar cómo está y le va a uno en un determinado momento. Se puede hablar abiertamente y se acepta que alguien cometa una falta. La razón del deficiente sentimiento del propio valor es a menudo una comunicación oscura, en la que no se ve con claridad cuál es la postura de cada uno. Nunca es demasiado tarde para aprender y reforzar el sentimiento del propio valor. En cualquier momento puede sustituirse una comunicación deficiente por una comunicación positiva, y así se pueden tener experiencias nuevas que ayuden a uno a llenar su olla vacía. Anselm Grün
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