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El gavilán del brujo (relatio arabela)

Hace mucho tiempo vivía un gavilán de gran tamaño que se alimentaba comiendo gente. Un brujo arabela era su dueño. El brujo le ordenaba cualquier cosa y el gavilán le obedecía dócilmente.

Este gavilán siempre se posaba sobre un gigantesco árbol de la selva. Allí había construido un enorme nido donde cuidaba a su única cría. Sobre las ramas de éste enorme y frondoso árbol el gavilán había sembrado toda clase de plantas que los arabelas no conocíamos; plátanos, yucas, camotes, piripiris ( 1 )...

Un buen día, aprovechando que el gavilán estaba lejos, el brujo invitó a la gente para que subiera al árbol a coger las plantas sembradas allí arriba. El brujo regalaba las plantas y sus frutos a todas las familias. Como era la primera vez que veían los plátanos, la gente sembraba su semilla y luego se extrañaba de que no crecía nada. Hasta que, finalmente, aprendieron a sembrar los retoños del plátano. Desde aquel día, a los arabelas nunca más les han faltado los plátanos para comerlos maduros y verdes, asados a las brasas o cocidos en agua hervida. También aprendieron a sembrar y cosechar la yuca y el camote.

Pero el gavilán seguía comiendo gente. Estaba acabando con todo el caserío. Por eso, el brujo decidió ordenarle que fuese a buscar otra gente para alimentarse. El gavilán obediente se marchó a otro lugar y allí encontró otra tribu. Pronto el brujo observó que el gavilán comía gente de otra raza.

La gente se subía al árbol del gavilán y agarraba el piripiri, pero no sabía utilizarlo. El gavilán les enseñó a usar los piripiri como planta medicinal para curar los dolores de cabeza y las diarreas. También les enseñó a utilizar los piripiri para buscar las tortugas en el monte. Así fue como la gente aprendió a encontrar tortugas, las mataba y se las comía. Todos vivían muy felices.

Un día, el brujo, molesto porque el gavilán seguía matando gente, le ordenó que se marchase lejos. El gavilán obedeció y se fue muy lejos, abandonando su gigantesco árbol con todas las plantas sembradas. Nadie le volvió a ver nunca más.

Y todos los arabelas quedaron muy contentos porque ya no les comía más el gavilán y porque les había dejado su árbol con toda clase de plantas comestibles.

Desde ese día, los habitantes de la selva comemos la yuca asada y el plátano cocido como si fuera pan en todas las comidas.

( 1 ).- PIRIPIRI.- Junco pequeño, de hortaliza, cuya cebolla es muy eficaz contra la mordedura de serpiente y otros fines.

Leyendas recopiladas por
Ángel García Casado