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Se dice que una amistad puede durar siempre, incluso cuando la distancia y el silencio entre las dos partes es prolongado. Pero cuando hace acto de presencia la duda o la incertidumbre, esa amistad termina por enfriarse y, de hecho, termina desapareciendo. Junto a esta constatación antropológica, otra no menos cierta y evidente: las personas tendemos a tomar la parte por el todo con excesiva facilidad. Basten un par de ejemplos para ilustrar esta afirmación: cuando una persona de un determinado país o raza realiza un robo, suele salir con relativa espontaneidad el comentario de que todas las personas que pertenecen a ese país o raza son unos ladrones. De igual modo, cuando un joven comete un exceso en el ámbito que sea, también se reproduce en nuestros labios expresiones tales como que “esta juventud está perdida”, o que “estos jóvenes no se saben divertir sanamente”… Y nos quedamos tan anchos, como si todos no hubiésemos sido jóvenes, o como si no hubiésemos roto nunca un plato en la vida. Hace unos meses salió a la luz pública la noticia de que varias ONGD’s habían llevado a cabo una malversación de los fondos con que contaban. Esta noticia, dada la envergadura de las ONGD’s implicadas, estuvo en el candelero durante varios días en todos los medios de comunicación importantes de este país. Quienes leen estas noticias se pueden hacer la idea de que las ONGD’s afectadas por esta situación han contado entre sus miembros con personas aprovechadas. Estas personas, se podría seguir pensando, se han querido enriquecer con un dinero destinado a promocionar la dignidad de los más pobres. Pero también puede haber otra gente que pueda pensar que lo que ha sucedido con estas ONGD’s ya había ocurrido con otras anteriormente y, dado el cúmulo de casos, lo más lógico es sentenciar que todas las ONGD’s son un negocio mediante el que se lucran los más despabilados. Aquí es donde se da este juicio de tomar la parte por el todo. Cuando este pensamiento se abre paso en la persona, siembra la duda y la incertidumbre en sí misma respecto a estas organizaciones. También es claro que la cosa no acaba ahí: no habrá ningún reparo en expresar y defender este pensamiento allá donde se encuentre. Las consecuencias que de aquí se derivan, como nos podemos suponer, son imprevisibles. No es nuestro caso sembrar dudas respecto a la gestión que se viene realizando en Hesed-Perú, sino todo lo contrario. Pretendemos dar la máxima transparencia en todas y cada una de las iniciativas que se llevan a cabo. Ese ha sido nuestro compromiso desde un principio, y lo seguirá siendo. Por ello, se insiste tanto en que, quienes son socios o padrinos, puedan asistir a las Asambleas Ordinarias, donde se rinden cuentas, y donde se puede pedir información de la gestión llevada a cabo en ese periodo. Ciertamente nos sentimos muy respaldados por el apoyo de todos ellos, quienes con su aportación, hacen posible que su compromiso con los más desfavorecidos del Perú sea una realidad cada vez más aquilatada.
Y, en el caso de que alguien tuviera alguna duda, no tendría más que ponerse en contacto con alguno de los miembros de la junta directiva, y les ofreceríamos los datos que considerase oportuno para despejarla. Es cierto que en todo grupo humano, sobre todo cuando es muy grande, siempre puede haber personas cuyos objetivos no pasen por un compromiso total con aquellos para quienes está destinada la cooperación de su ONGD. Pero a poco que se aplique algo de sentido común, caeremos en la cuenta de que cada persona, cada ONGD son realidades únicas, y no tienen por qué ser “metidas en el mismo saco”. Nuestra vocación es la de servir a las gentes pobres del Perú.
Estamos encantados de llevar a cabo esta labor, y nos alegramos de continuar
constatando la gran sensibilidad de tanta gente hacia este mundo, tan
distinto al nuestro, pero que sienten como propio.
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