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EDITORIAL

“Toda búsqueda requiere dos estrategias: la primera consiste en aplicar las normas adecuadas y precisas; la segunda llega a las raíces mismas de la búsqueda. ¿Qué descubro en mí cuando reflexiono sobre mi búsqueda, la analizo a fondo, me pregunto qué es exactamente lo que espero de ella? Con toda certeza, en el fondo de mi búsqueda descubro un anhelo. La enfermedad “búsqueda” no se cura mientras no me haya puesto debidamente en contacto con mi anhelo. El anhelo no es una piadosa huida de la realidad de mi búsqueda, sino un medio de transformarla. El medio o camino de transformación conduce a resultados positivos, a condición de oponer algo a la búsqueda. La energía del agua no se transforma en corriente eléctrica si no levanto una presa para encauzar la energía en otra dirección” (Anselm Grün).

Podemos afirmar sin mucho margen a equivocarnos que uno de los rasgos que más caracteriza a las personas es el de ser seres en búsqueda. Esta realidad se pone de manifiesto de una u otra forma en nuestra vida cotidiana: buscamos la mejor calidad y los mejores precios para la compra del fin de semana, buscamos el encuentro con personas que nos aportan vida, buscamos un trabajo en el que nos veamos autorrealizados y recompensados en nuestro esfuerzo, buscamos ofertas variadas de ocio para distraernos y salir de nuestra rutina de trabajo o estudio, buscamos…

Pero también buscamos llevar a cabo nuestros ideales sobre este mundo. Porque para nosotros las palabras “libertad”, “fraternidad”, “justicia”, “paz”, “dignidad”, “derechos humanos” tienen un contenido muy fuerte. Y porque constatamos en la realidad que nos queda un largo camino por recorrer hasta conseguir que todas estas palabras dejen de ser un ideal en muchas latitudes de nuestro planeta y comiencen a convertirse en realidad, buscamos cauces de implicación.

Quienes nos hemos aproximado a la realidad del Perú, más concretamente a su zona de selva, no podemos cerrar los ojos. La conocemos y exige de nosotros una implicación directa, dado que nos sentimos afectados por las condiciones de vida de aquellas personas que, viviendo a miles de kilómetros de distancia, son cercanos a nosotros. Muchas, cada vez más, son las personas que se van implicando con su aportación económica a través de su condición de socio o de padrino de niños. Pero durante este año ha habido personas que se han acercado a nosotros buscando algo más. Ese algo más es dedicar su tiempo, sus energías, toda su persona en favor de los más desfavorecidas del Perú. Han sido varias las personas que han llamado a las puertas de nuestra ONGD deseosas de marchar a la selva peruana con el fin de colaborar en los diversos proyectos de desarrollo que llevan a cabo nuestros misioneros y misioneras en la selva.

Es muy esperanzador conocer personas que no se conforman con buscar todo aquello que les traiga comodidad y felicidad personal, sino todo lo contrario. Personas que priorizan la felicidad de los otros por encima de la de ellos. Buscan realizar el bien a quienes se les niega lo mínimo para vivir con cierta dignidad, y lo hacen motivados por el anhelo de que la fraternidad y la justicia es un derecho de todos y no de unos cuantos. Y uno se pregunta: ¿pero no estará ahí el secreto de la tan ansiada felicidad?

Desde HESED PERÚ estamos convencidos de que este ejemplo va a cundir en otras personas en años venideros, porque sabemos que es mucho el caudal de agua que transcurre por los ríos que son sus vidas. Ojalá sepamos construir entre todos presas que permitan producir el mayor rendimiento posible de luz y, de este modo, poderlo poner al servicio de quienes más lo necesitan. Por nuestra parte no va a quedar.