|
|
|
|
38656 |
Leyendas amazónicas.- Relato SharanahuaSobre la vida de ultratumba y el destino de los que mueren en estos tiempos, es muy poco lo que conocemos los niños sharanahuas. Nuestros padres no nos lo dicen. Solamente sabemos que los hombres que mueren de muerte natural, se van a lo alto por el lado por donde despierta el sol. Mientras que los que mueren violentamente por flecha, lanza, carabina o escopeta, suben allá arriba por el lado donde se duerme el sol.
Esto siempre ha sucedido de esta manera y nuestras familias que vivían en épocas anteriores también lo sabían, pero al principio de los tiempos, nuestros primeros padres, nuestros antepasados, esos nunca murieron. Siguen viviendo en lo más alto del cielo, en una espaciosa casa con dos palmeras de madera durísima, una a cada lado, de donde, desde entonces sacan las flechas para sus arcos sin que nunca se terminen. A estos primeros hombres que nunca murieron, nosotros les llamamos los “Iri”. Hace ya mucho tiempo, los sharanahuas sospecharon de la existencia de los “Iri” porque todas las tardes escuchaban canciones y voces procedentes de un cerro elevadísimo, pero a muchas lunas de distancia de sus viviendas. Con el fin de llegar hasta ellos, se prepararon bien y comenzaron a caminar hacia lo alto siguiendo el cauce seco de un río. Tras un larguísimo viaje, llegaron muy cansados al lugar donde habitaban los “Iri”. Estos les recibieron muy amigablemente, les dieron de comer y beber e incluso les ofrecieron sus dos palmeras para que sacaran todas las flechas que necesitaran. Desde aquel día, todas las noches, sentados en las hamacas de los “Iri”, recibían sabias enseñanzas sobre la vida y la muerte. De este modo, nuestros antepasados conocieron todas las clases de enfermedades y epidemias y aprendieron la forma de evitarlas; también fueron instruidos sobre como librarse del veneno de las víboras, de las arañas, de las orugas, de las hormigas y de otros animales ponzoñosos. También les enseñaron los “Iri” cómo luchar en la guerra y cómo librarse de las flechas y lanzas de los enemigos. Si seguían estas enseñanzas, vivirían felices años y años sin morir nunca. Pero una noche, cansados de tanto escuchar las lecciones de los “Iri”, se fueron durmiendo todos lentamente sobre las hamacas. De pronto, al darse cuenta, los “Iri” se enfadaron de tal modo que, dando un gran grito, los despertaron. Después comenzaron a preguntarles todo cuanto les habían explicado. Pero como todos se habían dormido, nadie recordaba las enseñanzas. Entonces los “Iri” se disgustaron y ya no quisieron enseñarles más cosas. Y tuvieron que regresar a su caserío en la tierra, muy tristes por todo lo sucedido. Por este motivo, desde entonces los sharanahuas seguimos muriendo; agarramos enfermedades y epidemias desconocidas que terminan con hombres, mujeres y niños. Si nuestros antepasados no se hubiesen dormido, habrían aprendido todo y nosotros seríamos inmortales como los “Iri”. Leyenda recopilada por
|