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El lema del último Domund ha sido "San Francisco Javier: testigo y maestro de la misión". Estamos conmemorando el V centenario del nacimiento de san Francisco Javier, patrono universal de las misiones. La Iglesia ha propuesto a este santo navarro, junto con Santa Teresa del Niño Jesús, como intercesores de la acción misionera de la Iglesia. Los fines son:
No tengo estadísticas de las recaudaciones de los años en que la fiesta se celebraba en las calles de nuestras ciudades. La verdad es que el poder adquisitivo de nuestra sociedad entonces era bastante exiguo o, incluso, nulo. Hoy gozamos de una situación mucho mejor y eso hace posible que, participando menos personas, las recaudaciones sean mucho más elevadas.
El Hno Juan Oliver acompañado por el Hno José palací en una celebración bautismal. Las aportaciones económicas de los ciudadanos, así como las herencias, legados y donaciones destinadas a las misiones, prácticamente se han duplicado en España en los dos últimos años, según la información facilitada por la Dirección de las Obras Misionales Pontificias (OMP). El arzobispo castrense y director de las OMP, Francisco Pérez González, y el secretario de la institución, Anastasio Gil, ofrecieron estos datos durante una rueda de prensa para presentar la campaña del Domund 2006. Mientras que en 2004 se recaudaron 12.600.000 euros (cantidad que se distribuye al año siguiente), en el año 2005 las aportaciones para las misiones llegaron a los 23.200.000 euros. También la institución de la Infancia Misionera, con diez millones de euros recaudados en 2005, duplica prácticamente las aportaciones de los fieles del año anterior. Parecen buenos datos pero, evidentemente, son insuficientes. En caso contrario no sería necesaria la existencia de ONGD’s, como la nuestra, dedicadas principalmente a buscar subvenciones y recursos económicos para nuestros misioneros. Según los datos aportados durante la rueda de prensa, entre 1978 y 2004 (los últimos datos estadísticos disponibles), el número de católicos creció en esos años en 341.833.000 nuevos fieles. Sólo en África, la cifra se multiplicó por tres (de 54.759.000 hasta los 148.817.000). Mientras que en Asia la cifra se duplicó (63.148.000 hasta 113.489.000), en América el número de católicos aumentó un 66,8% (de 366.614.000 a 548.756.000). En Europa el aumento ha sido sólo del 4,65%, con el dato añadido de que, desde 1988, la cifra de católicos sigue descendiendo. (¿Terminaremos siendo tierra de misión?) Pero no es este el motivo de estas líneas. Mi intención es reivindicar la figura del misionero como persona, y, por eso, me gustaría que pensáramos un poco en ellos, pero sobre todo en nuestros amigos: Juan Oliver, Jesús Carballo, José Palací, Faustino Zapico, Antonio Soriano y Joaquín Ferrer. No son superhombres, aunque la labor que desarrollan sí que pueda recibir este calificativo. Son hombres como nosotros, con los mismos sentimientos, necesidades y afectos. Sin embargo..., han elegido dedicarse a los demás, por encima de todo. Y, además, lejos de su familia, lejos de sus amigos de siempre y lejos de su patria (mientras siga existiendo la patria).
Un grupo de religiososas dedicadas a la misión en la selva del Perú Ellos deben ser los verdaderos protagonistas de esta celebración. Y en su homenaje me voy a permitir copiar a continuación retazos de una página, de un libro escrito por Michel Quoist, que mis padres me regalaron cuando era joven (hace muchos años) y que sigue ocupando un lugar importante en mi "biblioteca". El libro se titula "Priéres", traducido al español por J.L. Martín Descalzo y R.M. Sans Vila como "Oraciones para rezar por la calle". No es un libro para leerlo simplemente, sino para pensarlo. Imaginemos una tarde de domingo, cuando el sol apenas tiñe de color el horizonte. La calma se va apoderando de todo y el sacerdote, el misionero, se desahoga con Dios…. * * * "Esta tarde, Señor, estoy solo. Poco a poco los ruidos en la iglesia se han callado, los fieles se han
ido y yo he vuelto a casa, solo. Y heme aquí, Señor, solo. El silencio es amargo, la soledad me aplasta... * * * Señor, tengo años, un cuerpo hecho como los demás
cuerpos, unos brazos jóvenes para el trabajo, un corazón
destinado al amor. Pero yo te lo he dado todo porque en verdad que a Ti
te hacía falta. Yo te lo he dado todo, Señor, pero no es
fácil. Es duro dar su cuerpo: él quería entregarse
a los otros. Es duro amar a todos sin reservarse a nadie, es duro estrechar
una mano sin querer retenerla, Es duro recibir secretos sin poder compartirlos, * * * Hijo mío, no estás solo: Necesito tus manos para seguir bendiciendo, * * * Heme aquí, Señor, Señor, en esta tarde, mientras todo se calla y mi corazón
siente la amarga mordedura de la soledad, mientras mi cuerpo aúlla
largamente su hambre oscura,
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