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Carmen Clérigues Como se recoge en el apartado de proyectos, un grupo de cooperantes pertenecientes a la ONGD Visió Sense Fronteres, realizó un trabajo importante en el campo sanitario en la población de Requena y Jenaro Herrera. Este grupo ha estado integrado por personas de diversa procedencia de la geografía española. Entre ellos, dos valencianos. Dado que HESEDPERÚ también colaboró con este proyecto financiando parte del viaje y estancia de estos cooperantes, nos hemos acercado a Carmen Clérigues, una de las personas que trabajó directamente en este proyecto, en el que también participó su marido Dani. Nos acoge amablemente en su óptica situada en la localidad valenciana de Benifaió. En la entrevista también se halla presente Juan Oliver.
Carmen Clérigues, cooperante de la ONGD "Visió
sense fronteres" Bueno, en un primer momento me dediqué a recoger ropa para HESEDPERÚ, de la cual soy socia. Por medio de Edmon (secretario de nuestra ONGD) me enteré de que un grupo de ópticos iba a ir al Perú a realizar una campaña de revisiones oculares, y entonces tomé interés por el proyecto. Fue, a partir de ahí, cuando me puse en contacto con Elena Tomás, óptico-optometrista en Carcaixent, responsable de proyectos de Visió Sense Fronteres. Como colaboradora y voluntaria en la ONGD “Visió Sense Fronteres”, nos gustaría que nos situases en su finalidad y objetivos. Es una ONGD que aparece en el año 1998. Surge a lo largo de todo el territorio nacional y su sede está en Alicante, porque su fundadora es de allí. De hecho, del equipo de ocho personas que fuimos al Perú, una era de Bilbao, cinco de Madrid y nosotros dos de Valencia. Su objetivo es prevenir la ceguera mediante la graduación de la vista y la entrega de gafas, y en algunos de los proyectos existe una parte dedicada a la cirugía, como es el caso del proyecto de Perú. La ONGD ha realizado proyectos en Mozambique, Namibia, Marruecos, Cuba y en la India colaborando con Vicente Ferrer con ocasión de la catástrofe del Tsumani. Y ahora, los países de acción son: Mozambique, Perú, Mauritania y la India. ¿Cuál es el ámbito de acción de “Visió Sense Fronteres”? Su ámbito es global, no tienen ningún país o continente concreto, pues han estado tanto en África, como en Asia, y ahora en América.
En la imagen, el equipo de cooperantes al completo de la ONGD "Visió sense fronteres", junto a las voluntarias de Requena ¿Puedes detallarnos los criterios que emplean a la hora de seleccionar sus proyectos? A ellos les llegan propuestas de acción de diversos lugares. Lo que hacen es estudiarlas y, en función de las necesidades del lugar en el que se demanda esta cooperación, y de las posibilidades de la ONGD, se toma la decisión de aceptar los proyectos que ejecutan. Centrándonos en el trabajo que realizásteis en el Perú, ¿quiénes configurábais el equipo? Como te he dicho, éramos ocho personas, de las cuales, seis éramos
ópticos, una oftalmóloga y un informático. Se trataba de hacer revisiones al máximo número de personas con el fin de evitar la ceguera previniendo la salud e higiene visual y dar las correcciones ópticas adecuadas. Atendimos a un total de 2.100 personas. Muchas personas necesitaban corrección óptica, lo que suponía que obtuviesen unas gafas. La entrega de estas gafas se hacía partiendo de las “gafas de reciclaje”, es decir, gafas donadas con graduación, que se daban a las personas que, por su problemática le podían ir bien. Si las teníamos se les daba; si no se tenían de la graduación adecuada a la persona, disponíamos de instrumental para cortar las lentes y montarlas, y en los casos que no ha sido posible, se están realizando ahora en España. En total, nos quedaron por hacer cuatro, tres de las cuales se deben a la alta graduación que necesitan. Calculamos que se entregaron unas 3.000 gafas, puesto que a algunos se les entregaba más de una (de cerca y de lejos). ¿Cuáles han sido las patologías más comunes con las que os habéis encontrado, y qué otras os han sorprendido? En general, lo que más abundaba era la miopía, algo que resulta curioso, dado que al no haber gran desarrollo intelectual, no es frecuente encontrarse con esa patología. Otra enfermedad que nos encontramos fue con el “Pterigium”, que consiste en la formación de una telilla que va desde el borde del ojo hasta la córnea y entra dentro de la misma córnea. Esta enfermedad es típicamente tropical y viene provocada por el calor. Por otro lado, y como caso llamativo, hubo una niña de unos seis o siete años que no tenía pupila, cosa que nos llamó la atención.
Una voluntaria de Requena ordenando las distintas gafas para su posterior distribución La gente que sufría la miopía, ¿tenían gafas antes de que llegáseis vosotros? La mayoría de la gente que venía a la consulta iba sin gafas. No llegaría a un 5% la cantidad de personas que venía con gafas para que se les graduasen. Y todo este trabajo, ¿en cuantos días lo realizásteis? En total estuvimos unas dos semanas en el Perú, pero trabajando,
fueron ocho días, de los que uno nos desplazamos a Jenaro Herrera. Personalmente es la primera vez que he hecho un trabajo de este tipo, pero el resto de compañeros que ya son antiguos en la ONG explicaban que el trabajo fue perfecto, porque el centro era nuevo, porque cada trabajo disponía de una sala propia, y porque de entrada estaba ya todo bien coordinado: en la admisión había un grupo de chicas voluntarias de Requena, enseñadas por nosotros mismos, que realizaban una primera selección mediante la toma de agudeza visual. Si no detectaban disminución de agudeza visual, estas personas quedaban descartadas para la visita. Estas chicas realizaron un trabajo importante, no únicamente en esta criba primera, sino que también nos ayudaban a clasificar y a buscar gafas, lo que les sirvió para aprender mucho. Por otro lado, la gente vino de manera escalonada, sin que se produjesen atropellos. Teníamos tres salas y el proceso de visitas que se siguió con cada paciente era el siguiente: en primer lugar pasaban por un optometrista que, mediante la retinoscopía, hacía una valoración; después pasaban a otra sala que era donde se les graduaba, y por último recogían las gafas. Estuvo muy bien distribuido para que no hubiese aglomeraciones. También se hicieron intervenciones quirúrgicas sencillas, unas cincuenta, llevadas a cabo por Consuelo, la oftalmóloga, ayudada por la hermana Ana, una Terciaria Capuchina de Requena. Por otro lado, nosotros ocho formamos un buen equipo. Al principio pensamos pasar todos por los diversos trabajos pero, al ver tanta gente y tanta necesidad, cada cual se centró en aquello en lo que resultaba más eficaz. Y ¿cómo se convocó a la gente? (A esta pregunta responde Juan Oliver que fue quien realizó este trabajo) Desde hacía meses sabíamos las fechas en las que iban a venir este grupo de ópticos. Cuando se aproximó su llegada, acudí a la radio para anunciarlo. También se les comunicó a los promotores de salud de los poblados (de estos poblados acudieron unas 200 personas), pero incluso en estos lugares se escuchan las noticias de la mañana por la radio. Durante una semana estuvimos anunciándolo por este medio, momento que aprovechamos para dar números a quienes presentaban su solicitud de visita. En ese tiempo recibimos unas 1.200 solicitudes. Después, cuando se inició el trabajo, a primera hora se citaban los números correspondientes a esa mañana. La tarde quedaba reservada para los colegios, distribuidos también por orden. Luego, como sobraba algo de tiempo, se aprovechaba para atender a aquellas personas que no se habían anotado. Era curioso cómo la gente hacía colas, algunos desde las cuatro o cinco de la mañana, sabiendo que la consulta se abría a las ocho de la mañana y que se respetaban los números entregados previamente. Por la gran cantidad de gente atendida, deberíais de trabajar
muchas horas Después de vuestro trabajo, ¿ha quedado alguien en condiciones de poder atender casos sencillos que no requieran demasiada especialización? De momento no. Cuando volvíamos hacia España, en el equipo se habló de que para el próximo año habría que formar alguna de estas personas más preparadas para que puedan realizar trabajos sencillos tales como montar gafas. Graduar es más complicado, pero también se podía conseguir con alguna persona que tuviese mucho interés. También se cuenta con la ventaja de que hay algo de material e instrumental con el que poder trabajar. Entonces, ¿vuestra idea de cara al próximo año es volver? Sí, pero en ese caso, con un doble objetivo: a la vez que atendemos a la gente, formar a alguien de allí, porque si no, no llegarán a ser autosuficientes.
Carmen Clérigues en un momento de la entrevista, en su despacho de trabajo A los pacientes, ¿se les cobró algo o era todo gratuito? No se les cobró nada, fue todo gratuito. Esto fue algo que comentamos y vimos que sería interesante pedir algo simbólico, para destinarlo, no a nosotros, sino a lo que se considerase más oportuno. Pedir algo supondría disuadir a aquellos que venían a por gafas y no las necesitaban. Nos ocurrieron casos en que se nos insistía para que se les diese unas lentes, aunque les habíamos dicho que su vista era perfecta y no necesitaban usarlas. Aunque es cierto que puede haber gente que no pueda pagar nada, si se les conoce, no habría ningún problema en atenderles y darles las gafas que necesitasen. Finalmente, ¿cuáles son las impresiones que te has traído del país y de la gente del Perú? En Perú me resultó todo muy distinto a nuestra cultura y país. Me chocó mucho el hecho de que, hablando la misma lengua, no llegásemos a entendernos. Después, cosas que para nosotros son de lo más normal, para ellos son impensables, lo que hace plantearte que mucho de lo que tenemos aquí no lo apreciamos. Nuestra vida es un lujo. También, Perú es un país muy bonito y en ese sentido me ha encantado. Pero lo que más me ha impresionado es la pobreza en la que vive mucha gente. Por otro lado, las personas con las que hemos tratado se han mostrado, en general, muy acogedoras y amables. La gente estaba muy agradecida por la ayuda que les prestamos.
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