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Aunque en este mundo parece que hace más ruido la violencia, lo cierto es que es mucho el bien que no aparece en los titulares de los medios de comunicación, y que es lo que sostiene este mundo.

Hay mucha gente que siente a los hombres y mujeres que viven a miles de kilómetros como próximos, y les lleva a compartir sus dificultades y esperanzas mediante el interés por saber cómo viven, o por conocer la cultura que subyace en estos pueblos, para así captar el sentido de determinadas costumbres que resultan chocantes... Pero esta sensibilidad no queda simplemente ahí. Cada vez se van dando más casos de personas que, teniendo grandes deseos de conocer y compartir de primera mano la suerte de gentes con culturas diversas y que se hallan desfavorecidos, no se quedan cómodamente en sus casas entrando en internet para ver las últimas noticias sobre esta o aquella región del planeta, sobre esta o aquella cultura o población de un determinado país que sufre tal o cual dificultad. Nos hallamos ante una realidad en la que muchas de estas personas deciden pasar unas vacaciones diferentes, dejando el sol, la playa, los monumentos, los amigos, para implicarse de lleno en la suerte de aquellos que siente como “hermanos”.

Desde hace años, el papel de los voluntarios o cooperantes, en el ámbito de la cooperación internacional al desarrollo, ha ido adquiriendo un protagonismo tal que, muchas ONGD’s no se entenderían si les faltase esta dimensión.

En este número publicamos varios testimonios de personas que, procediendo de diversos países, o perteneciendo al mismo país, dan cauce a esa inquietud por aportar lo mejor de sí mismos en favor de los más débiles, y de este modo, contribuir a que este mundo sea un poco más habitable, más fraterno.

Por eso, nos parece importante dedicar estas líneas, tanto a las personas de la ONGD HESEDPERÚ, como a las de otras instituciones y organizaciones que ya saben lo que es la vida de la selva, o que tienen esa inquietud por compartir la vida con los demás, aportando lo que son y dejando que los demás les aporten los valores que poseen.

Teniendo en cuenta la realidad en la que trabaja HESEDPERÚ, hemos de decir que es importante tener presente el fin o proyecto de esa cooperación. Tener claros unos cauces a través de los cuales tenga que discurrir el trabajo a realizar es fundamental para que esta cooperación sea eficaz y duradera. Por otro lado, tan importante como desarrollar un trabajo, es saber situarse ante la gente que se tiene delante: no podemos prescindir de nuestros prejuicios, pero sí podemos hacer que ellos no sean problema para entablar relaciones lo más auténticas posibles. Junto a la misión y a los prejuicios culturales, otro factor importante que se ha de tener en cuenta es el de las condiciones físicas: la selva o ceja de selva ofrece imágenes paradisíacas, fascina por su gran belleza, cautiva por su exuberancia y fuerza, pero la climatología hace que la vida sea dura.

Si la ilusión y las ganas por hacer y recibir el bien es lo fundamental a la hora de embarcarse en proyectos de cooperación internacional, no es menos importante contar con los criterios antes citados para poder hacer realidad aquello de “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”.

A través de los testimonios de muchas personas cercanas a nosotros que han realizado este tipo de experiencias accedemos a un nivel de la realidad que nos es totalmente ajeno. Cada vez nos vamos encontrando con más personas que demandan poder realizar un voluntariado en tierras como la selva peruana. A estas personas les decimos: “confiad en vuestras posibilidades de poder realizar algún día esta experiencia”. Quienes trabajamos directamente en la ONGD HESEDPERÚ nos recordamos de manera constante la necesidad de poner en marcha un proyecto que venga a equipar al cooperante con las herramientas necesarias para que, una vez en la selva, se pueda desenvolver con la mayor facilidad posible. Esto, sin duda alguna, repercutirá en el bien del mismo cooperante, y sobre todo, en el bien de las personas del Perú.