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Doy gracias a nuestro Padre Dios que, a través de la persona de nuestro hermano Juan Oliver y de la Fraternidad de Teruel, hicieron posible que pudiera tener esta experiencia misionera, que tanto bien me ha hecho, aunque sólo fueron dos meses. Mi misión allí, a primera vista, no tenía nada especial: era un servicio que se me pedía: suplir en Requena a nuestro hermano Jesús Carballo para que éste pudiera venir a España de vacaciones. Quisiera también dar gracias a nuestro Padre Dios, porque pude experimentar en mi propia carne las palabras que San Francisco nos recuerda en su Testamento: "El Señor me dio Hermanos"; desde que llegué al aeropuerto de Lima, el hermano Roque de la fraternidad de los Descalzos me estaba esperando para llevarme a la casa misión que tienen en el convento de los Descalzos. Una vez allí, la sorpresa fue muy grande al encontrarme al hermano Faustino Zapico y a su familia, así como al hermano Severino, que en todo momento fue como una madre que cuida de su hijo. En Lima estuve tres días, que me sirvieron para acostumbrarme al nuevo horario, pues son siete horas de diferencia con Europa. Pude visitar algunos de los lugares más importantes y significativos de la ciudad, como la plaza de Armas donde esta la Catedral, el Palacio Presidencial y otros lugares como el Santuario del Cristo de los Milagros, patrón del Perú, la casa de Santa Rosa de Lima...
Joan Jordi en su visita a Contamana con varias personas del pueblo, así como una indígena de la tribu shipiva
El hermano Joan Jordi Escrivá junto al hermano Jesús Carballo, misionero en Requena y una hermana de este último, religiosa, también misionera. En Lima lo que más me llamó la atención fue la forma de conducir, el estado de los coches, y las casas, pues, debido que es una zona con riesgos sísmicos, no son muy altas. El viernes día 10 de julio me llevaron al aeropuerto para embarcar en dirección a Iquitos, para después coger la lancha que me llevaría a Requena, que era mi destino. Al llegar a Iquitos y bajar del avión me dio la sensación de estar en un horno, debido al calor sofocante que hacía; me llevaron al convento franciscano que tienen los hermanos canadienses en Iquitos y, después de comer y descansar un poco, me llevaron al puerto para coger la lancha "Don José" que me conduciría a Requena. A las 17'00h llegábamos al puerto, me subí a la "lancha" (Barco) para partir hacia Requena, pero no salíamos hasta a las 18'00 h. Durante este tiempo contemplaba el trajín del puerto: un choro de gente subiendo y bajando cargados de plátanos, "chanchos" (cerdos), gallinas, frutas, gente por todas partes, sobre todo, muchos niños correteando tanto en tierra como en la lancha; la verdad es que no me aburrí. Cuando pasaban por delante de mí, tanto pequeños como mayores, la gente me miraba y los niños me decían "Gringo"; al principio no hacia demasiado caso, pero después, cada vez que me decían "Gringo", yo les sonreía. La verdad es que ese día no tuve demasiadas oportunidades para hablar con la gente, pues anochece enseguida y me retiré pronto al camarote, ya que hacía algo de fresco. Me puse a cenar y después de cenar me acosté y, aunque no durmiera, ya que aun era temprano, al menos descansaría. La verdad es que me dormí enseguida. A las cuatro y media de la madrugada me desperté en una de las paradas que la lancha hacía, no recuerdo en qué pueblo, pues paramos muchas veces y en bastantes poblados. Lo que si me llamó la atención fue que en cada poblado que paraba la lancha, había mucha gente esperando para cargar o descargar mercancías. Prácticamente estaba todo el pueblo con sus linternas o velas. Sobre las ocho de la mañana llegábamos a Jenaro Herrera
y la lancha se llenó de vendedores de comida, bebida y, sobre todo,
queso de leche de búfalo, que elaboran allí.
En la imagen nuestro hermano Joan Jordi junto a varias personas de Requena, así como Monseñor Víctor de la Peña (que luce luengas barbas) y el Hno Severino González (segundo por la derecha)
Damos fe de que nuestro hermano lo pasó bastante bien Sobre las 10'30h. llegamos a Requena. Allí me esperaba el Obispo del Vicariato, Mons. Víctor de la Peña; después del abrazo fraterno y saludos de bienvenida, con un "motocarro" (medio de transporte o taxi) llegamos a la casa misión, enseñándome la casa, la habitación y las instrucciones oportunas. Para mí todo era nuevo, el país, sus gentes, su forma de vivir, sus costumbres, su forma de viajar, etc. Casi todo el tiempo estuve en Requena. Mi misión, como he dicho, era suplir al párroco Fr. Jesús Carballo, que estaba en España de vacaciones. El sábado por la tarde en la Eucaristía concelebré con Monseñor (así llaman al Obispo) y me presentó; a partir de ese momento, comencé a realizar mi tarea que consistía, además de presidir la Eucaristía por tarde, atender a la gente en el despacho parroquial, bautizos y una boda de emergencia, entierros, visitar a los enfermos, etc. Los domingos, la primera misa era a las 7 de la mañana, la solía presidir Mons. Víctor, y yo me sentaba a confesar; después salíamos para celebrar en las capillas de los barrios, él iba a San Juan y Toledo y yo a Jerusalén y a Tarapacá. Las eucaristías eran festivas y participadas, la verdad es que disfruté muchísimo; la gente, sencilla pero muy acogedora y amable. Sobre las 13'00h. nos reuníamos para tomar el “vermouth”
y contarnos las aventuras apostólicas del día. Por la tarde
solíamos dar un paseo por la ciudad; cada domingo, por un barrio. La organización pastoral del Vicariato y la forma de trabajar
de los seglares me pareció estupenda. Poco a poco fui conociendo
a la gente que trabaja en Cáritas, en la defensoría de los
derechos humanos, las Hermanas Terciarias Capuchinas, las Hermanas Franciscanas
de María, los hermanos de la Salle, todos ellos con residencia
en Requena, y nos veíamos a menudo. También estuvieron prácticamente
al mismo tiempo que yo dos voluntarias españolas, Marta y Mariví,
las dos estudiantes de medicina, que vinieron a ayudar, después
llegó Raquel una profesora de Granada, que ya había venido
varios veranos a trabajar tanto con profesores de niños sordos
como con los niños sordos. También tuve la oportunidad de estar en el encuentro de Animadores de las comunidades, compartiendo con ellos su experiencia e iluminándolos con la Palabra de Dios. También participe en el cursillo Prematrimonial, así como en el grupo de JUFRA, etc. A primeros de agosto conocí a Fr. José María Esteve, un franciscano de la provincia de Granada, España, que suele ir los veranos a acompañar a unas Misiones Populares que se realizan todos los veranos con la ayuda de los hermanos de la Salle; cada año es en una parroquia y sus caseríos, este año fue en Bretaña; el resto del tiempo ya estuvimos juntos en Requena. Pude visitar dos pueblos cercanos a Requena y algunos caseríos; el primer pueblo fue Jenaro Herrera. Allí nos acogieron las Hermanas Franciscanas del Rebaño de María, que nos llenaron de atenciones tanto la hermana Inés como la hermana Mariana, las dos españolas que llevan muchos años en el Perú; la acogida fue impresionante, también estuvo con nosotros el párroco, el sacerdote Luis Miguel Aguilar, que nos acompañó junto con su madre a conocer no sólo el pueblo y sus gentes sino también a dar un paseo por la selva.
Joan Jordi coincidió en Lima con nuestro hermano José Ramón Palací, con quien comparte un café en la imagen
En esta imagen, Joan Jordi y José Pascual, de Valencia, otro voluntario que visitó la localidad de Orellana y que coincidieron en Lima En Jenaro Herrera tuve ocasión de estar con los jóvenes y catequistas. El segundo pueblo fue Flor de Punga. Aprovechamos el viaje que tenían que hacer unas hermanas Franciscanas Concepcionistas, llegadas desde Lima, para visitar la selva y con la posibilidad de fundar dos casas en el Vicariato: una en Requena y otra en Flor de Punga. Allí nos esperaban el párroco Fr. Florencio y gente del pueblo. También fue una buena experiencia. A finales de Agosto, antes de regresar a Lima, el Hermano José María Esteve y yo pudimos visitar Contamana, y allí a nuestros hermanos Fr. Antonio y Fr. Faustino, que se volcaron en atenciones. Nuestra estancia en Contamana fue corta, pues teníamos que ir Arequipa de visita, pero esta vez ya de turismo. Una vez llegados a Arequipa, nos hospedamos en el convento de los Descalzos. Nos trataron de maravilla. Podría contar muchas anécdotas que me pasaron, pero no quisiera alargarme, aunque no desearía terminar sin antes deciros que si el Señor me brinda la oportunidad de volver, no lo me lo pensaré dos veces. Quiero deciros que, una vez en España, me acuerdo bastantes veces del Perú, y sobre todo, echo de menos las Eucaristías tan sencillas y tan festivas. Recibid un fuerte abrazo de vuestro hermano Fr. Joan Jordi Escrivá, ofm
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