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QUIEN ES QUIEN EN LA SELVA

Como tantas otras veces hemos comentado, los criterios para juzgar cualquier cosa de las que suceden en la selva, no tienen nada que ver con los que emplearíamos en nuestro entorno habitual. Lo que aquí nos puede parecer censurable, allá es normal y a veces imprescindible, porque las personas actuamos en función de nuestras necesidades, y fuera de los límites en los que te desenvuelves, tus actos a veces no son comprendidos y pueden ser fácilmente censurados.

En el entorno en el que me desenvolví durante mi estancia en la selva, conocí a muchas excelentes personas, y he dicho excelentes, cuyo único medio de vivir era la agricultura. Sembrar lo que en su tierra pudiera fructificar, cosechar y vender. Así podían comer sus familias y ellos. No había otro medio de vida, y aún así, no era maravilloso. Pero, ¿sembrar qué...? Sus tierras no son demasiado fructíferas y hay dos productos que se crían bien. El café y la coca. ¿Por cual decidirse...?

El gobierno pretende que el agricultor, en sus tierras, coseche café, producto que supuestamente exportarían al mundo, y no planten coca sino en unas cantidades mínimas, suficientes para los fines medicinales, que son las que declaran oficialmente los agricultores, mintiendo siempre en su beneficio. Beneficio lógico por otra parte, si pensamos que en una hectárea de plantación de café, se sacan 100 quintales. En una hectárea de coca, 1500. El café da una cosecha al año. La coca tres. El café hay que vendérselo al Gobierno que es el único que lo compra. La coca la tienen vendida a cualquier postor.

La semilla del café germina en 60 días y hay que trasladarla a un vivero durante 10 a 18 meses. Luego pasarla al terreno definitivo coincidiendo con época de lluvias. Requiere cosecha, despulgado, fermentado, secado y almacenado, esperando tener suerte con las numerosas plagas que le acechan. Precio de venta después de todo esto: el que el Gobierno quiera, que no es mucho.

La coca: la oferta está entre 5.000 y 10.000 dólares kilo, y en cuanto se siembra la tienen vendida a cualquier postor. Eso sí, ese es uno de los peligros. Si un traficante ofrece al agricultor comprarle la cosecha a un precio determinado, y después de aceptar, otro postor llega con mejor oferta, es muy tentador venderla al segundo. Ahí ha firmado el agricultor su sentencia de muerte y la de toda su familia. Los traficantes no se andan con bromas y lo liquidan rápidamente.

En contra del general conocimiento popular, tiene poco que ver la coca con la cocaína. O al menos, son dos cosas muy diferentes. La coca ha formado parte de la cultura andina y amazónica desde hace siglos; los efectos de su uso normal como infusión o, incluso al masticarla, serían comparables a los de un café cargado. De tal manera que fueron los conquistadores quienes la introdujeron en Europa junto al tabaco y el café, debido a que dan una sensación de bienestar, no alucinatoria, que permite superar el cansancio, el hambre y el abatimiento.

De ahí que los indígenas la mastican, la mezclan con saliva y, manteniendo esto durante un rato en los molares, les produce una sensación que les permite superar el cansancio del trabajo en la selva o el de los más de 4.000 metros de altura en los Andes, además de propiedades medicinales, especialmente digestivas y circulatorias.

Desgraciadamente, es la base para la producción de la cocaína, que se obtiene por la precipitación de la infusión de hojas de coca y posterior purificación. Fue un fuerte anestésico en cirugía, pero dado su carácter adictivo, se ha sustituido por otros productos.

Constituye un auténtico veneno al obstruir el riego sanguíneo en el cerebro. Igualmente, al actuar como paralizador de los centros nerviosos, puede producir la muerte por paro respiratorio.

La aparición de la cocaína como droga, es un fenómeno totalmente distinto al de la coca, que ha formado parte de la cultura andina y amazónica desde hace siglos, y mucho más reciente; no ligado a cultura alguna sino más bien al enriquecimiento de unos pocos mediante la destrucción física, psíquica y social de muchos. Desgraciadamente, el mal uso que algunos hacen de la coca y el complejo procedimiento al que la someten para su transformación en un producto tóxico como es la cocaína, hace que la gente tienda a confundir ambos productos, motivo por el que he querido introducir esta aclaración. Diferenciar coca, producto no nocivo, de cocaína, producto mortal. Por eso, el electo presidente de Bolivia Evo Morales, en uno de los eslogans que más popularidad le han dado, decía: .-“ Coca cero, no. Cocaína cero, sí “.

Y respecto a la actuación del agricultor de la selva, que se ve obligado a cultivar uno de los dos productos, coca o café, no veo fácil censurarle por el que haya elegido. La coca, en cosechas más reducidas, es indudablemente necesaria por tradición, cultura y medicina. El agricultor cosecha más de la que el Gobierno le autoriza, porque sabe que la tiene fácilmente vendida, y eso es alimento y bienestar para su familia. Supongo que el agricultor piensa que, en qué la transformen después, no es cosa suya. Pero que tiene que cultivarla si quiere disfrutar sin excesivos agobios económicos, de un bien comer cada día (cosa no muy habitual) con los suyos, comida que puede acabar tomando un buen café, que... otro habrá cosechado, seguramente.

Ángel García Casado.