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LOS CONFLICTOS ARMADOS

Como señalamos en los artículos anteriores, la infancia es el territorio de las fantasías, de los prodigios, de las ilusiones, ese lugar de sueños y recuerdos imposibles, hacia el que nos abandonamos siempre que las inseguridades del mundo adulto nos invaden. Sin embargo, para cerca de la mitad de los 2.000 millones de niños que viven en el mundo, la infancia está amenazada por la pobreza, los conflictos armados y el VIH/SIDA. En la Revista nº 3 nos acercamos a las diversas manifestaciones de la pobreza en los niños; en este artículo vamos a analizar las repercusiones de los conflictos armados en la infancia.

Muchos países en desarrollo se encuentran sometidos a un ciclo vicioso según el cual la pobreza genera la desesperación, el temor y la lucha por los recursos que podrían desencadenar un conflicto, lo que a su vez agrava la pobreza. De los 20 países más pobres del mundo, 16 han sufrido una grave guerra civil en los últimos 15 años. La guerra civil provoca por lo general un retroceso del desarrollo económico y social que, a menudo, perpetúa la pobreza de una generación a la siguiente.

La naturaleza y la complejidad de las guerras han cambiado en los últimos tiempos: desde 1990 hasta 2003 estallaron 59 conflictos armados diferentes en 48 lugares, y solamente cuatro pueden calificarse como una guerra entre países. Cada vez se reconoce más el aumento de los conflictos de origen étnico, por lo que la lucha se entabla donde vive la gente, y no en un campo de batalla, siendo la mayoría de las víctimas civiles, principalmente mujeres y niños. Cerca de la mitad de los 3,6 millones de personas que murieron en guerras desde 1990 han sido niños, según el Informe del Estado Mundial de la Infancia 2005 de UNICEF.

Los niños nunca inician ni comprenden las causas de las guerras y, sin embargo, son siempre las primeras víctimas de las mismas. Incluso cuando no mueren o sufren mutilaciones, pueden quedar huérfanos, ser secuestrados o padecer complicaciones psicológicas y psicosociales debido a una exposición directa a la violencia, el desplazamiento, la pobreza o la pérdida de seres queridos. Aquellos que sobreviven se encuentran a menudo sometidos a una batalla diferente por la supervivencia: contra la enfermedad, las viviendas inadecuadas, la falta de servicios básicos y una nutrición deficiente.

LAS REPERCUSIONES DE LOS CONFLICTOS ARMADOS SOBRE LA INFANCIA

El informe de Graça Machel sobre las repercusiones de los conflictos armados en los niños, realizado en 1996, fue el primer análisis sobre las violaciones de los derechos humanos durante los conflictos armados y después de su terminación. En 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó un Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño que prohíbe la participación de los menores de 18 años en las hostilidades y su reclutamiento obligatorio en las fuerzas armadas.

La destrucción que causa la guerra suele dejar a los niños sin servicios muy importantes, como la educación y la atención de la salud. La educación del niño puede interrumpirse ante la ausencia de maestros o debido a que las minas terrestres y otros restos de explosivos de guerra en el entorno ponen en peligro su seguridad.

Con la llegada de la guerra, los niños entran en un mundo de experiencias que no les corresponde vivir. Además del odio y la violencia, está el encuentro temprano con el dolor y la muerte; y la toma de conciencia de lo que ello significa: el final de la infancia y la inocencia.

Transtornos psicológicos

Los niños de la guerra muestran importantes trastornos psicológicos que van desde alteraciones del sueño, a depresiones severas. Las experiencias que viven son determinantes claros de estos traumas. Un estudio realizado con niños libaneses de 3 a 9 años determinó que la guerra era el principal tema de conversación, el principal juego, y la temática principal de sus dibujos. Poco después del inicio de la Guerra del Golfo, Sánchez Bayle escribió:

"Desde hace más de dos semanas los niños de Bagdad no duermen ... Día y noche se encuentran encerrados en refugios, oyendo el estruendo de los bombardeos, el continuo aullido de las sirenas, que confunden con sus propios gritos de terror… Su ciudad se está quedando convertida en un amasijo de hierros retorcidos y de ruinas... Los niños de Bagdad ya no juegan ni sonríen ... Sus miradas... -ojos aterrorizados, fijos, espantosamente abiertos-...sólo traslucen miedo y sorpresa".

En un estudio realizado por UNICEF, en el que se encuestaron a 1.505 niños menores de 10 años para evaluar el impacto psicológico de la guerra en la población infantil, se observó que el 78% de los niños tienen pesadillas constantes y ganas de llorar con frecuencia, y el 91% tiene problemas digestivos causados por el estrés.

Niños refugiados y desplazados internamente.

Uno de los derechos principales de la infancia es disponer de una vida familiar. Pero la guerra no respeta este derecho: expulsa a la gente de sus hogares debido a que tienen que huir de las zonas de batalla o de un ataque directo, y se ven obligados a dejar atrás no solamente su propiedad, sino también a su familia y sus amigos. Cuando huyen de un conflicto, las familias pueden llegar a separarse. Los niños que se quedan solos corren un mayor peligro de sufrir abusos sexuales o de que los recluten para combatir. Privados de una red de apoyo, también son más vulnerables al hambre y la enfermedad. Algunas familias consiguen permanecer intactas hasta que han encontrado un refugio, pero las condiciones deficientes en las que se encuentran aumentan las posibilidades de desnutrición de los niños y el riesgo de que contraigan enfermedades.

Que las familias tengan que abandonar sus hogares se considera por lo general como una situación temporal. Pero muy a menudo, el período de exilio se prolonga muchos años, incluso décadas. En esos casos, los niños tienen que pasar toda su infancia en un campamento.

Niños combatientes.

Los niños son víctimas del reclutamiento, el secuestro o la incorporación por la fuerza a los grupos armados. Se les obliga también a someterse a la esclavitud sexual y convertirse en trabajadores, cocineros o sirvientes, mensajeros o espías.

Los grupos armados y, en algunos casos, las fuerzas gubernamentales, utilizan a los niños debido a que suele ser mucho más fácil obligarles a cometer asesinatos y someterse a una obediencia ciega que en el caso de los adultos. Todos estos niños, cuando les reclutan por la fuerza, cuando ellos mismos se unen a fin de escapar de la pobreza o el hambre, o cuando se alistan para apoyar de manera activa una causa, lo primero que pierden es su infancia.

Niños víctimas de la violencia sexual.

La violencia sexual es a menudo un arma de guerra que se despliega de manera consciente; puede incluir la violación, la mutilación, la explotación y el abuso. En los conflictos que estallaron a comienzos del año 1990 en Bosnia, Herzegovina y Croacia, violar a las adolescentes y las mujeres y obligarlas a procrear niños, denominados a menudo como “hijos del enemigo”, fue una política deliberada.

Los campamentos para personas desplazadas pueden ser lugares muy peligrosos para los niños debido a que el hacinamiento, la desesperación y una deficiente aplicación de la ley pueden exponerlos al abuso sexual. Además, la pobreza, el hambre y la inseguridad generadas por el conflicto pueden conducir a los niños a la prostitución: en Colombia, por ejemplo, niñas de solamente 12 años se han sometido sexualmente a los grupos armados para garantizar la seguridad de sus familias.

Los restos de explosivos de guerra.

Incluso después de que ha terminado un conflicto, todo lo que deja detrás amenaza a los niños. Los restos de explosivos de guerra -entre ellos los armamentos abandonados, las minas terrestres y los materiales bélicos que no han explotado- hieren y matan todos los años a miles de niños. Los restos de explosivos de guerra pueden impedir a comunidades enteras el acceso a los campos o los pozos, las clínicas o las escuelas, algo que provoca privaciones mucho después de que hayan cesado las hostilidades.

Los niños se encuentran en peligro porque tienen una gran curiosidad y cuando se encuentran con objetos extraños les atraen los diseños coloridos de algunas minas mariposa y bombas de racimo, confundiéndolas con juguetes.

La exigencia de que se promulgara una ley internacional para prohibir la producción y la comercialización de las minas antipersonales ha tenido éxito. Una campaña de promoción mundial, encabezada por la Campaña Internacional de Prohibición de Minas Terrestres y en la que participaron más de 1.000 organizaciones no gubernamentales, condujo en 1997 a la aprobación de un tratado que prohíbe su uso, y supuso para la campaña el Premio Nóbel de la Paz de 1997. La Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción entró en vigor en marzo de 1999. En septiembre de 2004, 143 países consintieron oficialmente en obligarse por el tratado.

EL CAMINO HACIA ADELANTE

Las disputas pueden ser inevitables, pero la violencia no lo es. Para prevenir el ciclo continuado de conflictos, la educación debe promover la paz y la tolerancia en lugar de avivar las llamas del odio y la desconfianza. La educación para la paz es un proceso destinado a promover los conocimientos, las actitudes, aptitudes y los valores que permitirán a los niños, los jóvenes y los adultos evitar los conflictos y la violencia; resolver de manera pacífica los conflictos; y crear condiciones que fomenten la paz, ya sea entre personas o grupos o en los planos nacional o internacional.

Todos debemos trabajar porque se cumpla el principio fundamental que anima a todo el articulado de la Convención de los Derechos de los Niños de 1989 y los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es decir, la prevalencia de los intereses y derechos de los niños. No ceder en el empeño de conseguir un mundo más pacífico, más justo y más solidario, un mundo en el que los niños no tengan que convivir con el horror de los conflictos armados ni de sus terribles secuelas posteriores, donde los niños puedan tener una infancia de alegría y paz, de juegos, de aprendizaje y crecimiento sano, tener un futuro caracterizado por la armonía y la cooperación y que a medida en que vayan madurando amplíen sus perspectivas y adquieran nuevas experiencias.

Si queremos proteger a los niños contra la barbarie de los conflictos armados, es preciso tomar una serie de medidas, y la comunidad internacional debe demostrar la voluntad política y económica necesaria para llevarlas a cabo.

  • Poner a los niños primero, antes y después del conflicto. Antes de involucrarse en un conflicto, los países deben tener en cuenta sus consecuencias sobre la infancia y deben permitir a los organismos humanitarios la posibilidad de proteger a los niños durante los conflictos.

  • Poner fin al reclutamiento de los niños combatientes. Es preciso acelerar la adopción y puesta en vigor del Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de los niños en los conflictos armados.

  • Fortalecer el entorno protector para la infancia en todos los planos, desde el plano familiar al plano de la legislación nacional e internacional.

  • Eliminar la cultura de la impunidad y reforzar los procesos de rendición de cuentas. Es importante llevar ante la justicia a los culpables de genocidio, de crímenes de guerra y contra la humanidad.

  • Evitar los conflictos, abordando las causas subyacentes de la violencia e invertir más recursos en la mediación y en la resolución de conflictos.

  • Mejorar la supervisión y la presentación de informes sobre las violaciones de los derechos de la infancia durante los conflictos. Esto debe convertirse en una prioridad, especialmente la recopilación de datos fiables sobre los niños afectados por los conflictos armados o que participen en ellos.

  • Ampliar la desmovilización y las campañas de concienciación sobre el peligro de las minas. La educación sobre los peligros de las minas debe incluirse en el programa de estudios y los programas de salud pública.

  • Reanudar lo antes posible la educación para los niños atrapados en conflictos armados puede aportar una dosis de estabilidad y normalidad en sus vidas.

  • Combatir la pobreza y el VIH/SIDA, que se combinan con los conflictos para magnificar sus repercusiones negativas sobre la infancia.

No debemos olvidar "que el niño debe estar plenamente preparado para una vida independiente en sociedad y ser educado en el espíritu de los ideales proclamados en la Carta de las Naciones Unidas y, en particular, en un espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad".

Teresa Oliver