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El sol y la lunaRelato mashco Nuestros abuelos nos cuentan historias muy interesantes que nosotros, niños y jóvenes mashcos, escuchamos con atención. Una de ellas es sobre el origen del sol y la luna. Dicen que, antiguamente, el Sol, que en nuestro idioma mashco llamamos Nee, vivía con su hermano en la tierra. Eran hombres como nosotros, pero el calor que ambos producían era excesivo. A su paso se quemaban los bosques y los campos. Los demás hombres que habitaban cerca de ellos tenían la piel negra; no sólo tostada sino quemada. Un día los hombres, cansados de ese calor abrasador, persiguieron a los dos hermanos con sus flechas y lanzas, consiguiendo matar a uno de ellos. Pero el otro, precisamente Nee, pudo escapar huyendo a la altura. Y allá arriba se quedó para siempre. Algunas veces Nee, el Sol, quiere regresar a la tierra para volver a quemarlo todo; pero no se atreve a acercarse mucho por miedo a las flechas y lanzas de los mashcos que saben dar en el blanco desde muv lelos. Por eso, desde entonces el Sol solamente nos calienta un poco. Y nos va bien. También nos cuentan nuestros abuelos que Peeje, la Luna, antiguamente era un hombre también. Pero un día, hace ya mucho tiempo, su mujer se descuidó cuando estaba cocinando y el sabroso pescado que estaba asando se quemó, y hubo que botarlo (1). Tanto se amargó (2) Peeje que se marchó de casa y se fue muy lejos. Su mujer salió a buscarle. Pero Peeje trataba siempre de ocultarse y para que no le viesen fácilmente se pintó todo el cuerpo de negro con la semilla de un árbol llamado "h u ito". Por eso, en la actualidad, a la Luna durante el día la vemos con dificultad y hay que esperar a algunas noches para observarla con la cara manchada de negro. (1) botarlo.-Tirarlo.
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