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Sanadores, brujos, curanderos

Antes de decidirme a tratar sobre estos temas, qué duda cabe de que he estado muchas horas pensando sobre la conveniencia o no de escribir sobre ellos, pues sin duda alguna es mucho más lo que puedo perder opinando de estos asuntos, que lo que pueda ganar. La mayoría de las personas de mi entorno social, el que actualmente me rodea en España, que más o menos tienen mi cultura, mi educación y mis costumbres, me tratarán de loco o visionario si profundizo en el tema. Es justamente lo mismo, pero al revés de lo que me sucedía durante mi estancia en la selva del Perú, donde al mostrar al principio mi escepticismo cuando se hablaba del asunto, me miraban con conmiseración y hacían que adquiriera la sensación de ignorante y ridículo al intentar mantener mis creencias, que seguramente son aproximadamente las vuestras, y tratar de ignorar, que nunca despreciar, las de ellos.

Pero creo que ha quedado claro a través de lo pequeños artículos que aquí se han escrito, que hablamos de dos mundos, el nuestro y el amazónico, completamente distintos, y que las ideas y principios que aquí son válidos, allá hay que olvidarlos por completo. Y viceversa.

Situaros por un momento en el Amazonas, al menos los pocos minutos que dure leer este modesto artículo, y creer cuanto se diga en él, que no tiene más ánimo que ilustraros en lo que yo tuve la ocasión de ver o ilustrarme, aunque aún en estos momentos continúe con mi pequeña"empanada mental", propia de una educación que durante más de setenta años he recibido, acertada o equivocadamente, pero que, a veces, hace que dude de mis propias convicciones.

Tuve la gran suerte de conocer y convivir durante unas cuantas horas con el Padre Castillo, fraile Franciscano que lleva casi 50 años en la misión de Puerto Ocopa, y por lo tanto, todo ese tiempo conviviendo muy de cerca con los nativos. No solamente es un defensor de los chamanes, personajes que anteriormente pensaba que eran unos embaucadores. Es un entusiasta convencido, conocedor de muchos ejemplos que me contó, aunque como buen católico, insiste en que para que tengan efectividad, hay que tener fe en ellos. Sin fe, me decía, no se consigue nada, como en nuestra Religión. Y también hacía un paralelismo con nuestra religión cuando me explicaba que los chamanes actúan en estado de trance, técnica común para lograr contactos con el mundo sobrenatural. El ayuno, la flagelación y los ejercicios de respiración son métodos que se emplean para lograr semejante estado. Varios santos de la tradición católica, explicaba él, usaron ayuno y flagelación para dominar su cuerpo y abrir su espíritu a los dones de Dios: éxtasis, visiones, bilocación, empleados para unirse más con Dios y amar más profundamente al prójimo. En la Amazonía, los alucinógenos surten este efecto.

Magia, brujería, arte, rituales funerarios, tradición, etc., son temas muy relacionados con los alucinógenos, pues estos permiten concebir "otros mundos". La religión aparece como la cadena que da vida a todos estos eslabones que, por otra parte, cada cultura elabora con sus propios patrones, y que no son, ni mucho menos, los de la cultura occidental.

Sin duda alguna, el chamán existe. Sin duda alguna el chamán cura (como con nuestros médicos tradicionales, a veces falla ...Y si con el médico hay que tener fe en él, con el chaman también...). Que duda cabe que con unos procedimientos muy distintos, y a veces muy curiosos. Se clasifican según las técnicas de curar o de preparar el cuerpo. Los vegetalistas curan con plantas. El término puede referirse a los chamanes que toman plantas alucinógenas. Los perfumeros aspiran perfumes, especialmente la marca comercial TABÚ para marearse. Los alcanforeros curan con alcanfor y algunos lo aspiran para entrar en trance. Los tabaqueros toman jugo de tabaco para lograr alucinaciones y curar... Como veis, todo un mundo extraño, difícil de convencer o ilustrar con unas líneas. La estancia allí, con el conocimiento y la convivencia, es otra cosa.

Hay otros que no entran en estado de trance. Los hierbateros curan con plantas y elementos naturales. Los pusangueros utilizan brebajes y otros objetos para ayudar a atraer al sexo opuesto y algunos practican la hechicería. También se pueden usar técnicas chamánicas para pusanguear...

La palabra pusanguear yo no la había oído nunca antes de llegar a la selva y allí es tan corriente como la de comer o beber. La pusanga es una sustancia mágica que se emplea para atraer sexualmente a otra persona por medio de la magia. Naturalmente, la sonrisa que en estos momentos adivino en vuestra cara, no me viene de nuevo. Ya he dicho al principio que, escribiendo esto, tenía mucho más que perder que ganar. Pero no me importa arriesgarme. Y si puedo ilustrar aunque sea solamente a una persona... Además, como sé que a mi edad, ya nadie va a tratar de pusanguearme...

No se es chamán de la noche a la mañana. Como en nuestra carrera de Medicina, hay mucho que estudiar y mucho que practicar, y también como en los médicos, los hay mejores y peores. Aunque está muy relacionada por tradición con brujería, curanderismos, religión, etc., con quien más relacionada la veo yo (en mis pobres conocimientos, qué duda cabe...), es con la botánica. Creo, particular y tímidamente, que es lo que verdaderamente cura. Hay remedios para casi todo.

Una persona para mí muy querida, y muy relacionada con mi entorno durante mi tiempo de estancia en la selva, tenía una herida en la pierna, producto de la mordedura de un bicho. Durante tres años estuvo tratando de curarse con la medicina tradicional, e incluso vino a España a hacerse injertos en la piel, con mejor c peor fortuna. Pero su pierna, cuando le conocí, seguía mal. Durante mi períodc de estancia en la selva, su pierna curó. ¿Medicina...? Relativamente. Una vieja mujer de allí, que aquí algunos tratarían de pobre ignorante, con una pomada hecha por ella, no me preguntéis de qué, comenzó a cicatrizar su herida, y hoy está perfectamente curado. No digo su nombre porque seguramente no le gustaría que lo hiciese sin su permiso, pero me alegrc infinito de que haya sanado aunque sea por una medicina"no tradicional". Le quiero mucho y me alegro de su bien.

Conocí a un nativo, padre de ur alumno mío, que me invitó al lugar donde vive, en un paraje muy adentrado en la selva, y me enseñó muy orgulloso (tenía motivos para estarlo), su completo y extenso Jardín Botánico, como le llamaba ¡Habrá pocos en España como ese...! Fue una experiencia que difícilmente olvidaré Allí había toda clase de plantas, que, según él me explicaba, curaban todo tipc de enfermedades; la uña de gato o somenttosta, para heridas o hemorragias el palto o akapi, para el dolor de estómagc y escorbuto, y me las iba explicando, y yc con mi cuaderno de notas y mi grabadora, no daba abasto a tratar de acumular conocimientos. Para todo había un remedio. La sangre de grado o irakiri aliviaba heridas y diarreas. La disentería, la tuberculosis, la rotura de huesos (¡nada de escayolas. Frotas con una resina determinada, y andando...!). Yo estaba asombrado, alucinado y disfrutando. Me sentía en el mundo de los milagros, capaz de presenciarlos y, ¿por qué no?, de vivirlos. Y me atreví a decirle:

- "Yo ya tengo más de setenta años, y naturalmente no tengo la vitalidad de los treinta. ¿No hay ninguna pomada o hierba que me la devuelva en parte...?"

- "¡Naturalmente que sí...! ¡Ahora, antes de irte a casa te la doy!"

El mundo de los curanderos, brujos, chamanes, es un misterio para nosotros. En definitiva, el mundo de la selva también lo es. Por lo tanto, dejaremos como un misterio más lo sucedido a continuación, que además me lo han preguntado muchos amigos. Pero sigo pensando que es un misterio que le debo a la selva.

¡ Ah...! ¡ Pero creo en los chamanes...!

Ángel García Casado