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Por José Manuel Viso Soriano

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la Solidaridad como “adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. Eso queremos que sea nuestra organización pero con vocación de adhesión permanente, no circunstancial. Pienso que la definición de la Academia se queda un poco corta.

Lo que sí está claro es que no somos una organización de caridad. Nuestra misión no es “dar limosnas” para solucionar un día un problema y dejar tranquila nuestra conciencia.

La misión y el objetivo de nuestra ONGD es ayudar a dar una solución definitiva a los problemas de un territorio y un pueblo sin forzar un cambio de mentalidad. Pretendemos facilítarles los medios técnicos o económicos que el siglo XXI nos ofrece para enseñarles a usarlos y que, a partir de ahí, ellos evolucionen paulatinamente. No queremos regalarles un pez cada día, sino enseñarles a pescar para que de ese modo puedan consumir cuantos peces necesiten diariamente.

Las necesidades son muy grandes en todo el llamado tercer mundo, incluso en el primero. Somos conscientes de nuestra pequeñez y de que, en consecuencia, nos es imposible solucionar todos los problemas. Por eso hemos delimitado nuestro ámbito de actuación a una zona de Perú muy concreta.

¿Por qué Perú? Porque las zonas a las que queremos ayudar están atendidas por misioneros franciscanos de nuestra región a los que incluso conocemos personalmente y que están desarrollando una labor inmensa e imprescindible tanto humana como espiritualmente.

Hay muchas cosas que se pueden hacer desde nuestro punto de vista, sobre todo conforme vamos conociendo la realidad de aquellas regiones a través de la lectura de nuestra revista, pero no podemos hacerlas según nuestro criterio. Son los misioneros y sus colaboradores los que nos tienen que plantear sus problemas más urgentes y, al menos, sugerirnos la solución más acorde con la cultura y posibilidades de aquellos pueblos. Sería inútil que enviásemos un autobús a un poblado si resulta que no tienen carreteras por donde pueda circular.

Por eso es muy importante que estudiemos con detenimiento los proyectos que nos envían y animar a los que no lo hacen a que nos los envíen. Ahí encontraremos las necesidades más urgentes y la solución más apropiada.

José Ortega y Gasset, el 23 de enero de 1.906 escribía en El Imparcial: “Un pueblo no debe jamás imitar a otro: debe adquirir en otras sociedades lo que le hace falta, y luego digerirlo a su manera, en su estómago y con sus propios jugos”.

Nuestra pretensión no es cambiar a un pueblo sino proporcionarle los medios para que tengan una mayor calidad de vida y facilitarles el acceso a la cultura. A partir de ahí son ellos los que deben evolucionar progresivamente pero a su ritmo.

No buscamos promover “revoluciones” sino facilitar los medios para conseguir una “evolución” tranquila de un pueblo que, no lo olvidemos, tiene una mentalidad y una cultura distinta de la nuestra. Ni mejor ni peor que la nuestra, simplemente distinta.

También a través de nuestra joven revista tenemos testimonios de ello por medio de los cuentos y leyendas que se han publicado y que irán apareciendo en próximos números. Al menos así lo esperamos.