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Josè Ramón Palací Garrido y José Pascual Torró

Rainer M. Rilke nos recuerda: “Felices aquellos que saben que detrás de todas las palabras hay lo que no se puede decir “.

Y las palabras nos dicen cosas, nos muestran, nos sugieren, nos proponen las propias conclusiones, para que hagamos el propio entramado con todas las vivencias. Y como Jesús, por las tierras de Judea seguir escuchando sus parábolas de amor y perdón.

“En Santa Elena hice bautismos, confirmaciones y matrimonios, también se confesaron y recibieron la Eucaristía en la misa del último día. Para muchos de ellos era su Primera Comunión. Ese mismo día partimos hacia San Antonio un poco más abajo de Canchalagua, allí me quedé.

El Bajo Tapiche comienza en Santa Elena y alcanza su destino, atravesándolo, hasta Bella Vista. Trayecto inovidable: San Antonio, Puerto Real, San Pedro, Ibería, Triunfo, Callao, San Salvador Galicia, Bella Vista….

Son tierras bajas e inundables en esta época del año, hasta tal punto que en algunos poblados no hay tierra, todo es agua, las viviendas están construidas sobre pilotes, en forma de palafitos para que el agua, en tiempo de creciente no las inunde. De una casa a otra se trasladan en canoa.

E l viaje de Puerto Ángel hasta San Pedro dura ocho horas a remo, cruzando por el interior de la selva inundada, por lo que evitábamos las vueltas y revueltas del río, salimos a un lago precioso donde encontramos gran cantidad de garzas y otras aves acuáticas que se alimentan de peces. Así, el trayecto se alternaba: un tramo de río, una sacarita que salía a un lago o tahuampa. Se aprecia una interminable vegetación, importante para los habitantes de la zona, ya que en sus manos puede convertirse en una choza, las herramientas de trabajo, en una piragua y en base de alimentos gracias a sus frutos. De ella, igualmente, elaboran remedios medicinales con sus raíces, semillas, cortezas y otros elementos todos ellos de carácter mágico. Quizás, también por ello siguen conservando casi intactas sus costumbres y tradiciones.

Pepe Torró y el Hno José Ramón Palací

Escenas, algunas de ellas maravillosas, tienen que haber sido contempladas por los ángeles en sus vuelos. Mientras a su alrededor se multiplican los arcos iris que tutelan el fragor y la niebla del transcurrir líquido del río. Adentrándose en este territorio virgen, podemos observar los monos que saltan y juguetean sobre y entre las ramas de los árboles varios de la selva, prestos a deleitarnos con sus aullidos y piruetas.

A la magia que desprende el sitio aportan su gracia los sonidos musicales del ambiente que brota de no se sabe dónde, pero que se integra a la perfección con el entorno. La imaginación se filtra hacia el interior, a las entrañas del ser.

El recorrido es un festín para los sentidos. A la sensación de vegetación y agua que se pega a la piel y a las impresiones visuales de forma, colores y efectos de luz, se le vienen a sumar las acústicas: del silencia de la tierra emana un hilo musical de melodías compuestas por las voces del viento de la selva.

Se nos presenta ondulante, curvilínes, rebosante de agua que se torna dorada cuando los rayos del sol alcanzan su máximo esplendor”.

El paraje debe resultar encantador, virgen. Donde la mano del hombre no se ve, afortunadamente por ningún lado y el camino debe resultar agotadoramente bello, interminable por la sucesión de cochas y quebradas que salen continuamente al paso.

Desde hace tiempo las selvas que cubren nuestra Tierra también son salvadas por ellos, los misioneros. Hacen lo que pueden con lo que tienen: Fuerza y Esperanza.

“En San Pedro me despedí de mis dos bogas y les indique que se llevaran la comida que me habían preparado, para que la consumieran durante el viaje, ya que yo ya estaba en lugar seguro. Tres días estuve en San Pedro dónde escaseaba la comida.

De aquí, por la quebrada de Yama-Yacu (agua negra), llegué a un lago en cuya orilla crecían hermosas orquídeas, alojadas en los árboles. Conseguimos algunas muy bonitas, color lila, blancas, moteadas… unas siete variedades. Quería llevárselas al Obispo, ya que algo me indicó a la hora de salir rumbo al Tapiche.

Íbamos camino de Iberia, poblado importante en la zona y enclavado en una sacarita que comunica el río Ucayali con el Tapiche. En esta sacarita tuvimos que parar por causa de una fuerte tormenta y nos cobijamos en un tambo abandonado, medio derruido, pero bueno para protegernos del fuerte aguacero. Reanudamos el viaje bajo una débil llovizna. Yo cargaba con las orquídeas de Monseñor. Las aguas eran de color rojizo, color de la tierra, por lo que era evidente que el Ucayali andaba más crecido que el Tapiche.

Uno de los peligros de la navegación, sobre todo en balsa, son las tragaderas que son lugares donde las aguas del río, en parte, penetran en la selva para llenar las tahuampas, pues la corriente arrastra hacia ese lugar y al chocar con los árboles puedes naufragar.

Por fin llegamos a una aldea muy pequeña llamada Triunfo y verdaderamente que fue un triunfo llegar hasta allí.

Dos días estuve en éste lugar sin salir de la choza, pues todo era agua, así que para hacer ciertas diligencias naturales, tenía que coger una canoita, remar hacia el bosque y, protegiéndome de los mosquitos, satisfacer la necesidad”.

Es la capacidad de interesarse por los seres humanos, por sus necesidades, por su felicidad, sobrepasando los límites de su persona. Le afectan, causándole alegría o tristeza, lo satisfactorio o doloroso que experimenten los demás. Grandeza de alma y magnanimidad. Porque a veces el horizonte se difumina y es difícil encontrar el norte y no está delimitado el camino.

El Hno. José R. Palací tras una celebración eucarística

¿Dónde ir? ¿Qué hacer? El paisaje está gris, no hay referencias, solo soledad y por única riqueza unos pies cansados que reclaman la seguridad de un sendero que no existe. Pero se para… respira y escucha sorprendido al silencio hablarle al oído. En el silencio están sus pensamientos, sus movimientos, sus sentimientos. Es el silencio de su vida. Es la experiencia de Jesús que pasa por su silencio. Necesita el silencio para hacer brotar el bullicioso canto de la vida pastoral intensa.

“En Callao se me presenta un matrimonio con una niña de 14 años que querían entregarla en matrimonio a un hombre que la doblaba en edad en mucho. Les dije que me dejaran hablar con la muchacha, a solas, y me di cuenta de que ella no quería casarse por ser demasiado joven y no conocía a ese hombre ya que era un extraño en el lugar. Se fue la niña y por la tarde se presentó su hermana mayor, informándome de todo el problema, me pidió que no casara a su hermanita con ese hombre, pues ella había sufrido, de niña, algo parecido y no quería que su hermanita le pasara lo mismo. Me dijo que se la llevaba a su casa para protegerla. Mas tarde vinieron de nuevo los padres a quienes explique los motivos por lo que no podía celebrar ese matrimonio. Ellos se fueron contrariados, y por la noche, a influencia del aguardiente, el padre profirió amenazas contra mi persona y su hija mayor. Dormí esa noche con un poco de miedo, aunque un joven puso su mosquitero a mi lado con una escopeta al alcance de su mano, por si acaso”.

Ligero de equipaje, solo lo imprescindible, y el cansancio que puede hacer mella, pero hay que llegar a la auténtica meta, al lugar donde algunos, muchos, te dan la bienvenida, te rodean y no te quieres escapar, donde el agua te envuelve, activo hasta que el sol se ponga, hasta que la oscuridad de la noche avisa de que se acaba el día donde ya no queda más puerta que la imaginación y el deber.

“El próximo caserío era Bella Vista. Es aquí donde tomo la decisión de regresar a Requena, porque tanto este pueblo como los que faltaban, estaban en agua, no había tierra, por lo que todo se hacía muy incómodo, por otra parte, estos pueblos se podían visitar desde Requena. Hice mi trabajo y esperé una embarcación. No tardé en oír una lancha a motor. Salí de mi mosquitero y con la linterna hice señales. Vino hasta el pie de la casa donde yo estaba. El dueño del bote era D. Carlos Miranda, preguntó por mí y le dije: “Soy yo, D. Carlos”. Suba, pues, padrecito, que nos vamos enseguida, le estoy siguiendo los pasos desde bien arriba, por fin le alcanzo, se viene conmigo hasta Requena, ya está bien de hacer el héroe. Gracias, así será, pues estoy muy cansado”.

Este encontrar el sentido de la vida independientemente de las circunstancias…. No es necesario estar a gusto, bien alimentado o seguro para experimentar que la vida tiene sentido. Son nuestros mejores maestros porque han vivido circunstancias duras de pobreza, abandono y humildad. La manera como soportan el sufrimiento nos proporciona la intuición más clara de lo que significa éstas llamadas a ser plenamente humanos.

Es fácil sentirse esperanzados después de una de estas experiencias. Pero cuando se ha servido a los demás se ha ganado más que esperanza. Se ha ganado dinamismo. Días, semanas, meses de trabajo llenos de sentido la da fuerzas a todo su ser a través de su corazón abierto y su espíritu generoso.

Es la alegría de hacer un trabajo que es útil para otros seres humanos.

Es el secreto de Jesús, que nos enseña que lo que le ocurra a otro te ocurre a ti. Es el alma del hombre lo que se anda buscando y la llama el Reino de Dios y la encuentra en toda persona. Yo soy el Buen Pastor.

Es el secreto de Francisco de Asís al que desde su nacimiento Dios le había dado un alma de poeta y él mismo de muy joven había tomado por esposa en bodas místicas a la Pobreza; y con un alma de poeta y un cuerpo de mendigo, el camino de la perfección no le fue difícil. Comprendió a Jesús y por eso vino a ser como él.

 

Este reportaje quedará constituido por:
- Alto Tapiche
- Bajo Tapiche
- Orellana 1
- Orellana 2

El entrecomillado está sacado de manuscrito personal y conversaciones orales con el P.José R. Palací.