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Por Juan Carlos Moya Les ofrecemos la segunda parte de la entrevista que mantuvimos con el misionero franciscano Fr. Joaquín Ferrer Beniel durante su estancia en España en los meses de verano. Con ella completamos el testimonio de este hermano que se sigue dejando la vida en Mazamari en favor de los más débiles de aquel pueblo y zona: los niños y los jóvenes. Yendo al Perú, y dentro de la obra que estás llevando a cabo, ¿cuál es la necesidad que en la actualidad más te acucia? El área de necesidad más acuciante es la juventud, pues con los mayores no se puede hacer ya mucho. El Perú necesita que los jóvenes se formen bien, puesto que las familias están muy desestructuradas: hace falta mucha unidad en la familia, mucho amor a los niños, y esto sucede porque las parejas se están divorciando o cambiando de compañero/a como se cambian de camiseta. Con lo mayores se puede hacer mucho, pero la reforma grande del Perú puede venir con los jóvenes. Por eso me he dedicado a la enseñanza desde el principio, hasta que hice el colegio de Satipo con unas ideas muy claras: ayudar a los más necesitados y también a los demás niños, de modo que tuviesen una buena educación. Posteriormente, me dediqué a la “Aldea del Niño Junípero Serra” en el pueblo de Mazamari, donde trabajamos con gran cantidad de niños nativos, pues a esta gente nadie le hace caso, y a muchos de ellos se les maltrata por parte de todos. Muchos de ellos se quedaron huérfanos y algunos se los llevaron diciendo que los iban a educar y a cuidar, pero en realidad se los llevaban para trabajar. Comencé el proyecto de la Aldea con la pretensión de que hallarán un lugar donde pudieran vivir esos jovencitos, donde pudieran tener un hogar, que pudieran tener una formación para cuando volvieran a sus comunidades y cambiaran el sistema de la comunidad: que no abusaran de ellos, sino que fueran personas peruanas como cualquier peruano.
Tu gran proyecto en el Perú, en Mazamari, es la “Aldea del Niño Beato Junípero Serra”: descríbenosla. Es cierto que ahora la aldea ocupa todas mis energías, pero anteriormente ya hicimos la misión de Satipo para que quienes tuviesen que atender a aquella población y los pueblos limítrofes, tuviesen los medios necesarios para poderlo hacer, y en la actualidad les está yendo muy bien. Luego, en San Martín vi la necesidad de un hospital y lo construí con la ayuda de Manos Unidas y de unos amigos y lo entregué al gobierno para que se atendiera a la gente, especialmente niños, como se está realizando: el gobierno está enviando médicos, enfermeras, material. Hice la misión de San Martín. Ahora, en Mazamari, lo primero que hice fue la misión y un Centro Ocupacional Parroquial porque, cuando terminaba el curso, entorno a unos diez jóvenes marchaban a estudiar, pero el resto se quedaba acá. Entonces les hice este Centro Ocupacional Parroquial donde había carpintería, corte y confección, mecánica, secretariado y cómputo (informática), unas ramas que veía necesarias en aquel tiempo. Aquello se llenaba hasta que tuve que cerrarlo debido a la mala calidad de los profesores que me enviaba el gobierno. Fue después de esto cuando llegó la Aldea. La idea surgió al ver a los niños abandonados sin padres y sin nadie que se ocupase de ellos, es más, en algunos casos la gente abusaba de ellos. Entonces me dije: tengo que hacer una Aldea donde estos niños, que son muchos, tengan su hogar. Sabía que me iba a costar mucho, pero yo confiaba mucho en Dios, y ahora esto no es mío sino de Dios, por medio de la ayuda recibida, sobre todo de España y de Alemania. Y ahí tenemos los niños, sin negar el que otro tipo de niños puedan venir a recibir clases a la Aldea. Al principio dudaba si sería buena la mezcla entre los colonos y los nativos, si se aceptarían con normalidad, y esta precaución me vino dada por los comentarios de algunos padres de niños colonos, pues los prejuicios hacia los nativos son muy fuertes. Entonces comenzamos la Aldea y vi en los primeros meses que los niños se relacionaban entre sí como si fuesen amigos de toda la vida: se dejaban las bicicletas, se intercambiaban la comida... Me dí cuenta que para los niños no hay razas. Y posteriormente me dí cuenta de que esa unión era cada vez mayor: se visten el uniforme o con el vestido nativo y todos lo aceptan con normalidad. Sólo algunas familias no aceptan que sus hijos estén con los nativos. ¿Cómo haces para que los niños nativos acudan a la Aldea? Ellos simplemente vienen. Este curso hay unos 230, en régimen interno de pensión completa. De ellos, un 85 % son huérfanos, y el resto tienen una situación familiar donde sus padres no les pueden facilitar ningún medio formativo, puesto que los colegios de las comunidades nativas así como los profesores que van allá dejan mucho que desear. Este curso me han venido más de esos 230 pero me ha sido imposible aceptar más. Todos los que viven en la Aldea comen, viven, se forman, porque quiero que salgan de aquí hombres y mujeres de provecho. ¿Hasta qué grado de formación les das en la Aldea? Ahora llegan hasta el cuarto curso, que comparado con España sería el bachillerato a excepción del último año. Después del quinto pasan a la universidad, y el próximo año será cuando tendremos el quinto curso, y mi preocupación está en que mucha gente colona que tengo aquí se va a ir a la universidad de Lima o de Huancayo, pero los nativos no, ¿por qué? No tienen papás y no hay ninguna institución, ni siquiera el gobierno, que dé becas para estos niños, sobre todo para los que de verdad quieren estudiar. En la Aldea, no existe únicamente un colegio, sino que es un colegio técnico: por la mañana los niños se dedican a estudiar, la tarde la emplean en aprender algún oficio: carpintería, electrónica, corte y confección, cómputo, mecánica, agricultura... Por lo tanto, el niño está todo el día ocupado. De hecho, los niños de cuarto curso van a hacer pupitres y sillas de madera, de lo cual comenzaremos a obtener cierto beneficio en breve, cosa que hasta ahora no se ha podido hacer dado que los niños están en proceso de aprendizaje. El año que viene, cuando terminen quinto curso, tendrán entre 17 y 18 años, y enviarlos a sus comunidades es un fracaso. Por eso, mi preocupación actual es hacer un Instituto para el que me han dado 20.000 m2 para construirlo. Con lo de “Instituto” me estoy refiriendo a un taller de carpintería grande, puesto que el actual es pequeño, donde el joven esté con su maestro y aprenda más, y a la vez produzca mediante la realización de muebles para su posterior venta. Con la mecánica igual: instituciones alemanas me están ayudando mucho para implementar este taller. Ahí estarán los profesores más los mecánicos que quieran venir: a los tres años recibirán su diploma y tendrán bien aprendido un oficio, que es lo que se necesita en el Perú, puesto que abogados y estudios similares abundan, pero oficios de este tipo no. Además, en sus comunidades ellos necesitan carpinteros, mecánicos, electricistas, industrias del vestido, enfermería... Este año ya estamos en gestiones con el Ministerio de Educación para que nos reconozcan el título de Instituto porque yo creo que al año que viene, si puedo, haré el Instituto. Así, cuando el niño concluya su formación en la Aldea, pasará al Instituto que se ubicará a unos 100 metros de la Aldea, pero con distinto régimen: tendrán comedor, dormitorios, etc. pero a una escala más pequeña, aunque se enfocará a la producción: ya tenemos máquinas de carpintería metálica, máquinas para fabricar losetas, la granja de pollos, la panadería. Con respecto a esto último, me dijeron que todos los panaderos que saliesen de la Aldea tendrían trabajo en Lima. Si queremos que el Perú cambie, hemos de trabajar con la juventud. Hasta ahora el gobierno no ha hecho mucho en la educación: los profesores no están bien preparados, hacen muchas huelgas, y cuanto menos trabajos mejor. En la Aldea el gobierno me concedió seis profesores y ellos no querían venir porque se les exigía mucho, porque cuando les haces cumplir su deber les sienta un poco mal.
El P. Joaquín desembalando una imagen del Bto. Junípero Serra ¿Con qué cuentas para tirar adelante el proyecto del Instituto a día de hoy? Si quitamos el terreno, con el proyecto que está en mi mente y con Dios. Yo tengo esa fe grande en Dios y sé que me va a ayudar, tal como lo ha hecho en la Aldea, porque yo jamás imaginaba que saliese aquello. Para ir concluyendo, ¿qué es lo que está impidiendo
que países tan ricos en materias primas como el Perú no
tengan un mayor crecimiento en sus economías y en el bienestar
de la gente? Supón una persona donante de sangre a la que le tuviesen que sacar todos los días, adiós de ti. Allí, desde capitanes del ejército o de la policía reciben combustible gratis del gobierno hasta que se mueran. Muchos de estos no tienen ni auto pero van a parar a sus hijos: esos son miles, y eso es un chorro de dinero que se va. Luego, los periodistas dicen que el presidente mejor pagado del mundo es el del Perú, y es verdad. Los diputados o ministros los cambian continuamente, y nada más por haber tenido alguno de estos cargos ya reciben una paga enorme. Ahora se recibió cinco millones de dólares para ayudar a las comunidades nativas: el presidente del gobierno, Alejandro Toledo, ha hecho jefa de la institución que ha de gestionarlos a su mujer y de ese dinero no ha llegado ni un sol a estas comunidades, sino que se lo han repartido entre ellos. Esto supone una sangría insoportable para el país. Y el problema es que hay una falta de conciencia de querer al Perú. Si a todo el mundo se le ofreciesen visas, el Perú se quedaba vacío. No tienen esa conciencia de nación. Y luego, gastan más que ganan, y la mayor parte en diversión: quieren ganar sin trabajar mucho. Por último, ¿qué les dirías a nuestros lectores? Que recuerden que hay muchos niños que necesitan de su amor: aquellos suscriptores, aquellos que apadrinan a un niño, sepan que están haciendo una gran obra porque están dando mucho cariño y mucho amor aunque no conozcan al niño personalmente, pero están realizando una obra que sólo Dios lo sabe Y no olviden que en aquellos lugares de allá hay misioneros que rezan mucho por ustedes y sobre todo desean también que ustedes les tengan a bien en su corazón.
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