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La reacción primaria ante el mundo sufriente es erradicarlo, sin más razones para ello que la existencia de ese mundo sufriente. Es el amor primario, al que llamamos "misericordia".
La misericordia es un término proclive a ser interpretado y manipulado sentimentalmente, paternalistamente o individualistamente. Sus mediaciones históricas son, por lo tanto, necesarias. Pero la misericordia ofrece la ventaja de mostrar la estructura de la reactivación básica ante el mundo sufriente, su primariedad y ultimidad. Misericordia dice, en efecto, reaccionar ante el sufrimiento ajeno, una vez que se ha interiorizado en uno mismo, sin más razones para ello que su existencia. Es una opción el que la misericordia sea la reacción correcta ante el mundo sufriente; pero, una vez realizada, se la redescubre también como algo central en la revelación: como reacción ante el sufrimiento ajeno y como primaria y última. En la revelación, el mismo Dios es descrito como quien es movido a la misericordia; Jesús es quien hace milagros movido a misericordia, tras la petición: "ten misericordia de mí"; el hombre verdaderamente humano es el que actúa movido a misericordia. Y a esto hay que añadir la primariedad y ultimidad de esa misericordia, pues no aparece nada fuera del ejercicio de la misericordia que ilumine lo que es o que la exija. Cierto es que en el éxodo Dios quiere hacer una alianza con un pueblo, y que el hijo pródigo se arrepiente de su pecado; pero la liberación de Egipto no se realiza primariamente en razón de la futura alianza, ni al hijo pródigo se le acoge para que se arrepienta de su pecado, sino que ambas cosas son respuestas primarias al sufrimiento ajeno. Cierto es que Jesús se entristece cuando los leprosos curados no muestran agradecimiento, pero la curación como tal es fruto de la misericordia y no una forma de lograr agradecimiento. Cierto es que el samaritano cumple con el mayor de los mandamientos, pero no actúa para cumplir un mandamiento, sino movido a misericordia. Esto significa que, en la revelación, la misericordia es la reacción correcta ante el mundo sufriente, y que es reacción necesaria y última; que sin aceptar esto no puede haber ni comprensión de Dios ni de Jesucristo ni de la verdad del ser humano, ni puede haber realización de la voluntad de Dios ni de la esencia humana. Jon Sobrino
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