42532

Testimonio

Después de un año pasado en la selva del Perú, Amparo, mi mujer, y yo, tuvimos que regresar a España . Nuestra familia nos reclamaba, y el curso escolar para el que fuimos había concluido. Allá se quedaban los 500 niños, los 200 huérfanos a los que durante este tiempo tanto cariño habíamos cogido, y con los que tanto amor nos habíamos dado recíprocamente. Porque eso fue, en síntesis, lo que más habíamos hecho: dar amor.

Ni la labor sanitaria de Amparo, ni la labor docente mía para lo que habíamos ido, se podían igualar a la labor afectiva que con los niños habíamos realizado, porque por muchas carencias que estos niños tuvieran (económicas, de cultura , de salud, entre otras) era la afectiva la que más se hacía notar. Cualquier caricia, cualquier sonrisa, cualquier manifestación de afecto, les hacía tan felices y te lo manifestaban con tanto agradecimiento, que te llenaban de felicidad. ¡Y era tan fácil quererles...! i Nos fue tan fácil hacerlo y nos sentimos tan gratificados por ello...!

Mil veces, durante el año que duró nuestra estancia en Mazamari, agradecimos a Dios la oportunidad que nos dio de conocer esa vivencia. Y otras mil a nuestro regreso, desde donde pretendemos continuar haciendo algo positivo.

En el transcurso de tu vida haces planes y planes, proyectos y proyectos, pero raramente das un paso adelante para realizarlos. Cuando somos niños, decimos: "Cuando crezca". Cuando somos jóvenes pensamos: "Cuando me case". Y después de todo, ¿qué significa estar casado? El pensamiento cambia a: "cuando me jubile". Y es lo que afortunadamente hicimos nosotros, pues es muy satisfactorio volver la vista atrás y ver el paisaje que has recorrido, pues normalmente , aunque hayas hecho algunas cosas positivas, parece como si el viento las hubiese barrido, y de alguna forma se han perdido del todo y han desaparecido. Se tiene la sensación de haber vivido una vida inútil, y una vida inútil es como una muerte prematura.

Pero nadie es inútil en el mundo mientras pueda aliviar un poco el peso de sus semejantes haciendo algo. Un niño podrá olvidar lo que le dijiste, pero nunca olvidará como le hiciste sentir. Y sé que el tiempo que estuvimos a su lado, fue feliz. Nosotros lo intentamos, y creo que algo conseguimos. El deber de un hombre está allí donde pueda ser más útil, y allí, en la selva del Perú, pudimos serlo durante el tiempo que estuvimos. Después, al obligado regreso, vuelves una mirada al pasado y lo ves con satisfacción.

Poder volverse a ver con agrado el pasado de la propia vida, equivale a vivir dos veces. Y si ese pasado ha sido feliz, es revivir esa felicidad. Supongo que la felicidad es una cosa muy relativa: para algunos, la felicidad es dinero en la cartera; para otros, cerveza en la nevera; o para otros, ropa en el armario. Allí, en ese tiempo en la selva, sentí que la felicidad era vivir cercado de amor, sembrando amor, recibiendo amor. Sabía que a nuestro regreso a España no podría olvidarlos, y que buscaría mi felicidad aquí, entre mi familia y amigos: nuestra familia y amigos de aquí, los que tienen algo. Allí dejamos otros. Los que no poseen casi nada.

Sabíamos que a nuestro regreso nos dejábamos parte de nuestro corazón, pero también sabíamos que algo habíamos sembrado. Y, si sembrar nos dio tanta satisfacción, ¿qué será ver recoger la cosecha...?. Ojalá que después de nuestro regreso, otras personas piensen:

-"Y si esta pareja de abuelos han podido hacerlo, ¿porqué no nosotros...?. Porque nunca sabe el hombre de lo que es capaz hasta que lo intenta

Ese sería el principio de una buena cosecha... ¿Cuándo podrá recogerse...?

ÁNGEL