José Pascual Torró, coautor del artículo

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Testimonio

"Nace, el río Tapiche, cerca de la frontera con Brasil. Lo forman los ríos Blanco y Umaita, corre paralelo al Ucayali de sur a norte y desemboca en Requena, en el Ucayali. Sus afluentes principales son el Contea, Capanahua, lamayacu y sobre todos el río Blanco. Sus aguas son oscuras, color sepia. Desde su nacimiento hasta Santa Elena transcurre entre colinas, por lo que es un tanto encajado, pero a partir de los bajos de Punga, corre por terrenos tan llanos que incluso se comunica con el Ucayali."

Río Tapiche a su paso por Santa Elena. Época de nivel bajo de aguas

Brilla, como morada de supervivencia para la multitud de pequeños poblados o caseríos que componen su curso. Por dentro parece danzar en calma al ritmo de las pequeñas olas y por fuera explosiona frondosa la verde e inmaculada selva virgen, envuelta en aroma, "selva llana, inmensa, se puede decir que infinita. Auténtico santuario natural donde abundan árboles gigantes, como los cedros, la caoba y gran diversidad de palmeras. Su silencio es interrumpido por los penetrantes aullidos de los monos y la presencia de los papagayos, tucanes, loros que sobrevuelan el cielo, y en las laderas del río es posible observar aves autóctonas como la garza blanca y en él los delfines, los bufeos y una múltiple variedad de peces. Mas allá de las áreas pobladas habita el mítico Puma, el jaguar, el tigrillo, el oso hormiguero, así como el jabalí y huidizos venados".

Siempre hay un sentimiento de emoción cuando la lancha abandona el muelle de Requena y emprende la travesía hacia el recorrido del Tapiche. Sentados o de pie uno tiene la impresión de que viaja hacia alguno de los lugares menos conocidos del planeta. Uno de esos recónditos enclaves que todavía existen en las selvas amazónicas y que han permanecido completamente alejados del mundo, territorios de diferentes tribus indígenas que los habitan desde tiempos remotos. Si bien la población de estos caseríos disminuye y probablemente estén condenadas a la desaparición.

"Desde sus nacimientos hasta Santa Elena habitan los Capanahuas, y desde Santa Elena hasta Requena los Cocamas y Mestizos".

Ahora bien, hay dos maneras de acercarse a la vida en la selva: armados con un rifle para conseguir lo que llaman un trofeo, es decir, matar animales, o a bordo de una lancha con remos o a motor, acercarse una por una a cada uno de sus caseríos y amarlos. Este relato está entroncado en esta segunda manera y vivido por uno de los misioneros más veteranos, experimentados y queridos del vicariato de Requena. Será la voz de su manuscrito experiencia¡, su libro de ruta, la que nos conducirá a través del mismo, con mínimos comentarios centradores. (2)

"Un buen día se presentó en la parroquia una señora para bautizara siete hijos. Le pregunté de dónde venía y me dijo que del Alto Tapiche, y que hacía más de trece años que no había ido un sacerdote por esos lugares... Me entró la idea de irme para allí, pero para ello necesitaba que el obispo me autorizara. Pero el obispo aducía mi falta de experiencia en esa clase de aventuras y desempeño y que además era peligroso debido a que en esos ríos merodeaban los indios Remos y Mayorunas. Aduje que si a la gente que vive en esos poblados no les pasaba nada, por qué me iba a pasar a mí?"

"Pasó la Navidad y visitó al Obispo Jorge Pereira. El obispo le planteó mi propuesta y él se comprometió a llevarme en su embarcación hasta el último pueblo del Tapiche, río arriba"

Condición indispensable para realizar esta experiencia pastoral es que el misionero vive en conformidad con su fe hasta las últimas consecuencias, de manera efectiva, visible y realista, y con la fuerza que da esa fe, la piedad y la ejemplaridad de su testimonio.

"Santa Elena es un pueblo ubicado a orillas del Tapiche, concretamente en la margen izquierda, en terreno alto, no inundable. Tenía una capilla con paredes de barro prensado y techo de palma, un crucifijo y una pequeña campana, con una bonita imagen de Santa Elena. La regaló el P. Valentín de Uriarte, lo mismo que la campana. Hasta allí llegó ese maravilloso hombre. El era morador de Contamana, no de Requena. Yo lo considero uno de los mejores misioneros de los últimos tiempos, era muy sacrificado y gran organizador, teniendo en cuenta las circunstancias de precariedad en que trabajaba".

"En Flor de Punga conocí al Padre Valentín de Uriarte, un misionero que sabía todos los ríos y afluentes del Vicariato, gran organizador de las aldeas de su jurisdicción. Para él era fundamental que en cada aldea hubiera una maestra piadosa y ejemplar, además de bien preparada, una persona encargada de las cosas de la iglesia, una capilla con la imagen del santo Patrón o Patrona y un par de buenas campanas. Por supuesto, con su fiesta patronal con la asistencia del misionero".

Es el testimonio de una vida sobria, alegre, justa, generosa, sin desmayos, sin quedarse en apariencias engañosas. Testimonio respaldado en una vivencia sincera y santa anunciando el evangelio de Jesús.

Comienza por asegurar la Misa y en torno a ella desarrollará la vida espiritual del caserío. Enriqueciendo la vida espiritual de cada uno, con la oración, rezo del Santo Rosario y las celebraciones sacramentales para vivir en gracia.

"Gente participativa tanto en la Santa Misa como en el rezo del Santo Rosario, y en el aprendizaje de cantos a los niños y la catequesis".

"Por fin legamos a Tumbes, último poblado río arriba. Todos participaron en la fiesta que suponía la Santa Misa, bautizos, confirmaciones y matrimonios."

"A golpe de remo, acompañado de dos jóvenes nativos llegue a Casanabe, en la desembocadura del afluente Contaya allí acudieron los moradores de distintos caseríos con canoas, familias enteras. Los bautizos tuve que hacerlos al aire libre cuando se puso el sol. Al final del día estaba agotado, pero estaba henchido de gozo al ver tanta criatura de todo tamaño con tanto interés por todo. Debido a nuestras prolongadas ausencias es el Espíritu Santo el que conserva la fe de estas gentes, tan sencillas y sabias a la vez". "Se presento un nativo para bautizar a su hijo de unos ocho años, le pregunte porque deseaba bautizar al niño y me contesto: PARA QUE SEA GENTE"

José R. Palací Garrido

"Una anciana vino para inscribir y luego fuese bautizado su nieto, de unos 10 años. Le pregunté si ella estaba bautizada y su respuesta fue negativa:

- ¿Quieres bautizarte?
- No, Padrecito.
- Y ¿Porqué?
- Porque no sé de mí lo que has preguntado de mi nietecito.
- Bueno, pero yo lo puedo averiguar si tu quieres.
- ¿Cómo no Padrecito?
- Bueno, vamos a ver. ¿Cómo te llamas?
- Ashuca (Asunciona) me dijo
- Ya tenemos un dato; 15 de Agosto. ¿Y no sabes el año que naciste?
- El año de la creciente, día viernes, me decía mi madre. (Debió de ser una gran crecida cuando ha creado época, pensé)
- ¿Cuantos hijos has tenido?
- Con todos los muertitos?
- Si, con todos.
- Nueve Padrecito, tres han muerto ya de niños.
- ¿Y la mayor o el mayor, cuantos años tiene?
- ¡Cuantos quizás, padrecito! Es ésta, la madre de éste muchacho. Y me señaló a una señora de unos treinta años, calculé.
- Cuándo tuviste a esta tu primera hija, ¿eras muy joven, o...?
- Bien cholita, padrecito
(tierna).

Hice mis cálculos y le puse 48 años. Así que le dije: Mira has nacido el día 15 de Agosto de 1912.

- ¿De veras, padrecito?
- Si, aquí tienes tu comprobante para que puedas sacar tu fe de bautismo legalizada y hacer una inscripción en el registro civil.

Parece que esta buena mujer hizo el comentario a sus paisanos allí presentes de que el Padrecito sabe todo, ya que fueron muchos los adultos que bauticé con las mismas circunstancias que a Ashuca. Ahora, esta buena gente ya tiene identidad y son peruanos de Santa Clara, oficialmente"

"La experiencia de Santa Clara me sirvió para bautizar en los siguientes poblados a gente mayor".

"El obispo me autorizó que impartiese el sacramento de la Confirmación a todos los bautizados, chicos y grandes".

Mi trabajo pastoral era ya casi rutinario, por el día la Santa Misa y después del desayuno, la catequesis con los niños, amenizada con cantos. Por la tarde y noche, reuniones con los mayores para orientarlos un poco sobre la vida cristiana y finalmente anotaciones de bautizos, confirmaciones y matrimonios. El siguiente día administración de sacramentos. Y así en todos los poblados".

Vida santificada y sosegada, puesta al servicio de los demás, vivida en una comunión cercana y gozosa, esperanzada, serena y operante, si bien, no exenta de riesgos y escasez en cubrir, incluso, las necesidades primarias.

"En San Pedro, escaseaba la comida y un día, como no había nada que cenar, o ya habían cenado cuando yo llegué, me fui a dormir. Durante el día, solamente había comido unas naranjas, aparte del desayuno. No podía dormir. Tenía hambre. No se me ocurrió otra cosa: calcular cuantas hostias y cuanto vino necesitaría para los pueblos que faltaba visitar. Así que me comí y bebí el supuesto sobrante y solo así pude conciliar el sueño".

Anunciar con humildad y claridad, con honestidad y pobreza, la manera de vivir la fe, para llevar lo necesario a quienes están aislados, compartiendo juegos con niños y jóvenes, inquietudes con mayores. Acompañando a enfermos terminales y llorando con quien realmente tenía motivos para ello. Ha perdido lanchas, aviones, maletas. Ha pasado horas, e incluso días al raso, ha sufrido gastroenteritis... y ha tenido que visitar a más de un médico o similar. Y esto durante más de 40 años.

1) Este reportaje quedará constituido por:

- Alto Tapiche
- Bajo Tapiche
- Orellana (1)
- Orellana (11)

2) El entrecomillado está sacado de manuscrito personal y conversaciones orales con el P. José R. Palaci.