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Por Juan Carlos Moya

Joaquín Ferrer Beniel es franciscano, natural de Alcudia de Crespins (Valencia), y lleva 24 años en el vicariato apostólico de San Ramón y 3 que estuvo anteriormente en el de Ucayali. Nos acercamos a él para que comparta con nosotros su dilatada experiencia en el Perú y nos ponga al corriente de la situación real de aquel País y más concretamente de Mazamari.

Puesto que la entrevista es muy larga, nos permitimos publicarla en dos partes, por lo tanto, en el próximo número contaremos con el resto de la misma.

¿Cómo decidiste marchar al Perú cuando recién concluida tu formación tenías muchos ámbitos donde trabajar en España?

Porque yo siempre he querido ser misionero, mi vocación fue misionera desde el principio. Aquí me nombraron responsable de las vocaciones, lo que suponía recorrer colegios de nuestro entorno para dar a conocer el carisma franciscano a los niños y jóvenes. Iniciamos el seminario en Benisa y luego en Pego.

Vino un hermano chino llamado Gaspar para ver quién quería ir a Hong Kong y yo me presenté enseguida junto con otros. Al final fue otro el elegido y yo me quedé en Pego. De allí pasé a Carcagente donde estuve seis años. Al final de ese tiempo es cuando marché por primera vez al Perú, a Orellana más concretamente, permaneciendo allí tres años. Una enfermedad de mi madre me hizo regresar a España, aunque mis deseos de continuar en las misiones estaban intactos. Por eso, antes de salir de Lima para España conocí al obispo del vicariato de San Ramón quien me invitó a que conociese sus misiones y fue cuando le dije que si tuviera que volver, lo haría a Satipo.

En España permanecí tres años y en el año 1979 regresé al vicariato de San Ramón y desde entonces estoy allí.

Cuando te fuiste allá, ¿cómo fue tu adaptación?

La primera vez que llegué al Perú me chocó todo: la comida, tenía muchas diarreas, perdí 16 kilos, cogía los izangos constantemente, los mosquitos me deshacían. Me costó un año adaptarme a aquellas condiciones de vida. Transcurrido ese tiempo me aclimaté.

Después de estos años de misión en el Perú, ¿qué te ha aportado a ti personalmente?

Mucha experiencia en la vida y mucha fe en el Señor. Mucha confianza, porque si no... He visto la presencia de Dios en mí continuamente, y eso que soy un pendejo.

Seguramente tendrás muchas anécdotas en tu haber. Comparte alguna con nosotros.

Hay una que sucedió en Satipo. Me enviaron a una misa de difuntos que celebrar a las siete de la noche. Llegó una señora un poco tarde y ella llevaba un bulto a las espaldas, algo parecido a un busto de cerámica. Cuando terminé la misa me viene la viejita y me dice: "Padrecito, échele agua al difunto". Yo le digo: "claro, pero ¿dónde lo tiene?", y ella: "ah, sí, aquí no más". Me acerqué y era la cabeza del muerto y le digo: "¿cómo es esto?, porque si la policía te ve tendrás problemas" y ella: "¿acaso no es el cuerpo de mi hijo?, como pesaba demasiado me he traído la cabeza". "¿Y ahora qué?" le dije yo. "Pues cuando regrese le coloco la cabeza junto al cuerpo y lo enterramos" respondió ella.

Esta es una de ellas, fuerte. Hay más, muchas de ellas en las que se ha sufrido mucho, sobre todo cuando empiezas.

Ahora estás en Mazamari: descríbenos aquel lugar.

Está en la alta selva peruana, a 400 km de Lima, a unos 700 m. de altura sobre el nivel del mar. Para llegar ahí hay que atravesar los Andes a unos 4818 m. de altura. Es un pueblecito que cuando llegué era muy pequeño, con unos 200 jóvenes. Había un cuartel de la policía que eran los auténticos dueños de todo aquello. Estos se llamaban "Sinchis" (el que todo lo puede), un cuerpo especializado en la lucha contra la droga, el terrorismo, como el GEO aquí. Ahora se ha ido desarrollando progresivamente: hay 8.000 habitantes y de ellos 5.000 niños.

También está cambiando el aspecto del pueblo: antes había mucha vegetación, pero los madereros cortan los árboles grandes y los chacreros lo queman todo (chacra es una porción de tierra de la selva que se acondiciona para cultivar). Hay políticas de reforestación: nosotros, por ejemplo, hemos plantado más de 300.000 plantas de cedro, caoba y alcanfor. El problema es que los chacreros rozan estas plantaciones para hacerse con ese terreno y cultivar sus productos.

Sobre el terrorismo, ¿ha pasado el Perú página definitivamente?

No, todavía existe. Hemos sufrido mucho. Yo, por ejemplo, he estado sentenciado a muerte por ellos, porque era capellán de la policía y del ejército y después porque estaba en la parroquia. Todos los evangelistas y resto de sectas se marcharon, pero yo no quise salir porque creía que era mi deber estar con la gente. Fue una época donde se sufrió mucho porque en cualquier lugar de la carretera encontrabas muertos y a mí me buscaban: daban 10.000 dólares por mi cabeza. Después les dije bien claro que "mi cuellecito lo hizo mi mamá en nueve meses y ustedes ¿en unos segundos iban a cortarlo...?". Luego me pidieron los mismos terroristas que celebrase una misa por sus difuntos en San Martín, pues algunos de ellos tenían familiares religiosos y sentían la necesidad de orar por sus muertos. Fui a celebrar la misa: les hubiera podido decir a los Sinchis que iba a uno de los cuarteles de los terroristas, pero mi obligación era celebrar la misa y no delatarlos para que los mataran. Celebré la misa y les dije bien claro que si tenían ese slogan "camino luminoso" que es camino de luz, por qué estaban causando tanto miedo, tanta miseria, tanta muerte, tanta destrucción. Si cambiaban la forma de ser, y ayudaban a los campesinos y a los pobres, todos les querrían mucho. Además sólo Dios es el dueño de la vida. Todos ellos decían con la cabeza que sí y que iban a cambiar, pero siguieron con la matanza.

Ahora sigue habiendo bastante terrorismo, aunque no causa tanto miedo. Ellos dicen que todavía no ha llegado la hora, pero están ahí: extorsionan a los madereros, defienden a los narcos a cambio de dinero...

En la actualidad Mazamari está tranquilo: los terroristas que quedan están en el interior de la selva y de cuando en cuando, se producen escaramuzas aisladas.

Hablemos ahora de la religiosidad de la gente del Perú. Desde aquí tenemos la idea de que América Latina sigue siendo la gran reserva católica de este mundo. ¿Cómo viven y cómo es la fe de esta gente?

Tienen mucha fe en la Virgen y en la Cruz y en el Señor de los Milagros. Su religiosidad es muy poco definida: fe en los muertos, también celebran con mucha fe las festividades patronales, tanto locales como nacionales: ves cómo la gente se emociona, etc.

Por otro lado, las sectas acceden a la gente con un discurso basado en el miedo: "os vais a condenar si no dejáis de beber, si no hacéis aquello o lo otro, pues el fin del mundo está muy cerca". Con ello consiguen atemorizar a la gente sencilla y terminan entrando en estas sectas.

En general, la gente no es religiosa: tienen fe, creen en Dios, no tienen conciencia de pecado, para ellos el único pecado es robar, matar y engañar a la esposa o el esposo. A la eucaristía vienen muchos jóvenes, sobre todo cuando hay celebraciones de primera comunión, bautizos, etc.

En relación a las sectas: ¿crees que se puede establecer algún tipo de diálogo con los líderes que conoces?

No, son muy fanáticos. Yo no tengo enfrentamientos directos con ellos: los testigos y los israelitas me llaman hermano y no tengo fricciones con ellos. Dentro de lo que cabe están haciendo una obra: dan a conocer a Jesús, aunque difiere de la presentación que hacemos nosotros. Hay un colegio evangelista y con el fundador de ese colegio yo tengo una relación bonita.

En la actualidad siguen siendo muchos los misioneros de Europa en general y de España en particular que trabajan en América Latina. ¿Crees que algún día se invertirán los papeles, es decir, que los misioneros sean los americanos y vengan a evangelizar a los europeos?

Evangelizar a Europa no, porque no los aceptaríamos. Lo que sí es posible es que vengan a estudiar de allá con el fin de formarse para volver o para quedarse aquí, puesto que en Europa hay una gran escasez de vocaciones.

La crisis de Europa va a pasar pronto. Son crisis en las que lo negativo acampa a sus anchas y parece no tener límite. Ocurre algo parecido a lo que sucedía acá en el Perú con la droga y los terroristas: la gente antes tenía miedo y huía, hasta que comenzó a enfrentarse a ellos. La diferencia con el Perú es que en España el enfrentamiento es de índole moral: los matrimonios se pegan y matan, se divorcian, ese es el pan de cada día aquí. Es como si hubiera pasado el tercer mundo moral acá. Pero yo creo que eso va a pasar, no sé en cuanto tiempo, pero va a pasar.

¿Cómo ves estas sociedades europeas en relación al Perú?

Veo que esta sociedad europea que es inteligente y que dispone de todos los medios para poder vivir bien, está retirandose de lo hermoso y lo bello de la vida. Acá tienen todas las posibilidades para desarrollarse, pero veo que en las escuelas los niños contestan a los profesores y no les hacen caso. Esto allá no sucede, salvando las excepciones de profesores que no se hacen respetar.

Esta sociedad podía vivir tan bien, y sin embargo, en el terreno moral y espiritual deja tanto que desear... El materialismo ha sido tan grande que ha hecho que se olvide lo esencial, por eso hay tantas enfermedades psicológicas. Se ha producido un vacío en lo esencial y se ha querido llenar con lo material.