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LA VUELTA AL RÍO (cuento)

Por José Pascual Torró

Aquí una superficie vívida, móvil y llena de estrellas. Una lancha, húmeda y caliente surgiendo de la frescura... un día de sol y el río. Un rincón rojo con centro excitado, pistilos erectos, sensuales, expectantes de polen... una flor. Un sonido cambiante, armónico y puro; un canto de vida, viril y delicado, intenso e ingenuo... un pájaro.

Allí un panal... oscuro, frío, matemático, ordenado.

La abeja P58 en su interior recorriendo las celdas, cuidando de su limpieza, obsesiva, metódica en sus movimientos, determinada y estructurada... ENCARCELADA.

Un sol, un río, una flor, un pájaro... AQUÍ.

El orden, la rigidez, la estructura y el acuerdo.... ALLÍ.

Cierto día, algo pasó en el panal, un pan de cera se desprendió, y al caer agrietó una de las paredes.

La abeja P58, angustiada y llena de pánico, corrió al lugar del accidente. Estaba entrando luz por la grieta, deslumbrante y cálida, y además aire fresco con olor selvático. La abeja P-58 no lo podía creer: -¡si nada existe fuera del panal!- esas eran las enseñanzas, -¡nadie es fuera de la geometría y la estructura perfecta de las celdas!- tal era la orden.

La abeja P58 arregló la grieta, colocó la cera en su lugar y se fue a descansar.

No quería recordar... un hilillo de oro, cálido y un olor de frescura selvática... pero la visión volvía y volvía y un pensamiento muy débil y tímido empezó a ser escuchado:

"No todo es estructura... existe algo afuera".

A la mañana siguiente la abeja P58 se acercó al lugar del accidente, tocaba con sus antenas el arreglo hecho la víspera, tratando de encontrar algún punto que no hubiera quedado cerrado. No halló errores.

"Muy bien, te felicitarán por el arreglo, puedes sentirte orgullosa".

Pero la abeja P58 no se sentía completamente feliz. Fue a limpiar, ordenar y construir celdas junto a abejas que a su lado hacían lo mismo.

Tiempo después, un sonido traspasó las paredes herméticas del panal. Era un canto armonioso y dulce. Las obreras se miraron... Era necesario engrosar las paredes para que ningún sonido interrumpiera su trabajo. La abeja P58 sintió un intenso deseo de seguir escuchando pero, puesto que todas sus compañeras opinaban que era importante engrosar las paredes, fue a ayudarlas. Pero...

Algo extraño estaba pasando; había LUZ y CALOR y OLOR y CANTO. La mañana siguiente se inició una búsqueda; la abeja P58 había desaparecido.

¡La abeja P58 había sido sorprendida saliendo por sus propias alas del panal!

La abeja P58 estaba admirando el río, jamás se había sentido tan feliz, sintió la frescura del agua, olió la delicia de la flor y cantó con el pájaro. No hubo tiempo para más...

El barco se acerca a un poblado