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Por Teresa Oliver
Cuando se revisa la historia económica y social del Perú, se constata la variabilidad de los enfoques económicos y las inestabilidades políticas en las que se ha debatido. Por si fuera poco, Perú padece una restricción externa considerable según la cual cada peruano nace debiendo mil dólares y la cuarta o quinta parte de la recaudación fiscal anual deben pagar una deuda que se renueva indefinidamente. Frente a esta situación, ni el Estado ni el mercado han actuado con eficiencia como para adquirir la fortaleza que resuelva estos problemas. Los efectos de la evolución económica en la política fueron determinantes, pues no permitieron el establecimiento de un sistema político estable, capaz de desarrollar una democracia sólida y duradera. A su vez, la inestabilidad política condicionó la evolución económica, generando una retroalimentación de problemas. A pesar de estos contrastes, el índice de Desarrollo Humano (IDH) se duplicó entre los años 1940 y 2000. En este lapso, la esperanza de vida y el alfabetismo se duplicaron, la matriculación secundaria se incrementó trece veces y el ingreso familiar per cápita se duplicó, siendo que en la actualidad es apenas superior a la mitad de lo que fue hace treinta años. Perú está situado en la parte centro occidental de América del Sur, limitando por el norte con Ecuador y Colombia, al este con Brasil y Bolivia, por el sur con Chile y por el oeste con el Océano Pacífico. Es el tercer país de América del Sur en tamaño con una extensión total de 1.285.220 kilómetros cuadrados, que se dividen entre sus veinticuatro departamentos y la provincia constitucional del Callao; comparándolo con España, posee un área dos veces y media más grande. Tiene 26.624.582 habitantes (datos de julio de 1999), por lo que es el cuarto país más poblado de Sudamérica; la esperanza de vida, es de 69,7 años (66,6 años los hombres y 71,6 años las mujeres) y el índice de crecimiento de la población en 2000 fue de 1,7%, el cuarto más alto de toda Sudamérica. La cordillera de los Andes atraviesa al país longitudinalmente de Sur a Norte, por lo que se encuentra dividido por tres regiones naturales: Costa, Sierra y Selva. La Costa comprende sólo el 12% del territorio, pero contiene el 50% de la población. Cuenta con una agricultura de alta productividad y concentra no menos del 65% de la actividad industrial del país. Ello ha permitido el desarrollo de ciudades dinámicas, la más importante de las cuales es el conjunto metropolitano de Lima-Callao, que contiene el 45% de la población urbana y el 27% de la población total del país. La Sierra abarca el 28% del territorio y constituye el 39% de la población; es una región natural de relieve muy accidentado por la Cordillera de los Andes. Influye sobre la vida de la mayor parte de la población peruana, al ser fuente del agua de consumo y de la mayoría de los recursos mineros y energéticos hidroeléctricos disponibles. Asimismo, la región concentra la mayor superficie de pastos naturales del país y sustenta casi el 90% de la ganadería nacional. No obstante su importancia, la sierra ha sido paradójicamente una de las regiones más deprimidas y desatendidas del país, no ha atraído inversiones públicas debido a la limitación de los mercados, a la infraestructura inadecuada (carreteras, electricidad y agua) y a los elevados costos de producción. En consecuencia, las poblaciones andinas, han emigrado a las ciudades y valles costeros y a la Selva Alta, con una pérdida constante de población (en 1940 albergaba el 65% de la población del país). La Selva comprende el 60% del territorio: 13% en la Selva Alta y 87% en la Selva Baja o llanura amazónica, y alberga el 11 % de la población. Está ubicada al este de los Andes y comprende desde los niveles inferiores de esta Cordillera hasta los bajos amazónicos, limitando con el Ecuador, Colombia, Brasil y Bolivia. Los ríos que bajan de los flancos orientales desaguan en el río Amazonas y sus afluentes. Se encuentra cubierta por bosques naturales, debido a lo cual, los ríos son los principales medios de comunicación y transporte.
El rápido proceso de ocupación en la Selva comenzó en el siglo XIX, cuando la industria moderna y la expansión del mercado mundial permitió a los pobladores explotar lucrativamente los productos que contienen estos bosques. Entre 1862 y 1918 se extrajeron grandes cantidades de caucho, hasta que la competencia de las plantaciones asiáticas de caucho detuvieron el crecimiento de las plantaciones sudamericanas. En 1918 se inició la extracción y exportación de maderas, posteriormente la de pieles, cueros, animales exóticos, petróleo y abonos. Todas estas actividades, definen una economía de exportación ligada fundamentalmente a los mercados exteriores, en los que priman fundamentalmente los intereses económicos. Por ello, desde la década de 1940, estas exportaciones han sufrido un declive constante, que estadísticamente se traduce por una disminución de la población, la cual ha emigrado y sigue emigrando a las ciudades de la costa en búsqueda de trabajo y de mayor acceso a los servicios. El área de actuación de la Asociación HESED está comprendida dentro de la Selva Baja y Alta en los Departamentos de Loreto y Junin (Provincias de Requena, Ucayali y Satipo), con una superficie de 160.000 kilómetros cuadrados y alrededor de 300.000 habitantes. Dentro de una población, predominantemente mestiza, se encuentran comunidades nativas, pertenecientes a distintos grupos etnolingüísticos: panos, cunibos, shipibos, cashibos, capanahuas, ashaningas, anueshas, nomashinengas, cocamas, remos y mayorumas. Según los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística y de Informática (2002), los niveles de pobreza en los Departamentos de Loreto y de Junin son del 66,3%, lo cual nos indica que es una de las zonas más desfavorecidas del país (el nivel de pobreza en Lima es del 35,8%). Igualmente, las citadas fuentes refieren que el número de hospitales en el Departamento de Loreto es, únicamente, de 4 y en el Departamento de Junin de 12; cubriéndose la escasa asistencia sanitaria, principalmente, a través de centros o puestos de salud, en los que, el equipamiento material y humano es insuficiente. Como podemos observar, las zonas de actuación de nuestra cooperación, están ubicadas en Departamentos deprimidos y desatendidos; no obstante, la realidad de la población a la que nos dirigimos, todavía es más precaria de lo que señalan las estadísticas mencionadas con anterioridad. Es importante señalar, que el asentamiento en ciudades data de hace menos de 100 años (Requena, Orellana, Contamana, Mazamari, entre otras); la mayor parte de los habitantes viven en poblados, alejados unos de otros, con escasa o nula relación entre ellos, ya que en la Selva Baja el único medio de comunicación es a través del río.
Se trata por tanto, de comunidades cerradas en las que el acceso a los recursos sanitarios y educativos es dificultoso; asimismo, los trabajos son primitivos y rudimentarios, ya que, las nuevas tecnologías resultan inaccesibles, dedicándose fundamentalmente a la pesca y a la agricultura. Algunos poblados carecen de agua potable y de alumbrado eléctrico, siendo los servicios de saneamiento prácticamente inexistentes; como consecuencia, son muy frecuentes las enfermedades infecciosas, que suelen producir la muerte, dada la imposibilidad de recibir el tratamiento específico. Por otro lado, las condiciones climatológicas son bastante adversas, con abundantes lluvias entre los meses de Diciembre y Abril, que suelen provocar inundaciones, llegando en algunas ocasiones a destruir poblados enteros, quedando la gente en una situación de total desprotección y desamparo, con pocas o ninguna ayuda por parte de la administración. Podemos comprobar, que los proyectos de la Asociación HESED se dirigen a personas que viven en durísimas condiciones de vida, con escasos recursos económicos y en una situación de desigualdad de acceso a derechos y deberes.
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