
Mientras preparábamos la edición de este número de la revista, nos ha sorprendido la noticia del fallecimiento de nuestro amigo y colaborador Angel García Casado. Amaba intensamente la vida y siempre se esforzó en transmitir a sus semejantes la alegría de vivir. Poco antes de morir, con motivo del 50 aniversario de su promoción de peritos industriales Angel escribía: “…No puedo elegir mi modo de morir, pero sí puedo elegir mi modo de vivir. Y quiero tratar de hacer en ese tiempo que me quede un entorno feliz; que ese entorno sea un buen lugar en que vivir. Al fin y al cabo, Dios puso límite a nuestra vida, no al uso del tiempo. Y yo, por y para mi familia y entorno, aprovecharé el tiempo que me quede”
En su homenaje quiero presentar en este apartado un texto encontrado en las páginas de internet, cuyo autor desconozco, y creo que está en consonancia con el pensamiento que Angel quiso transmitirnos.

El hombre y el mundo
Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.
Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo de allí, el padre pensó en algo que pudiese mantenerlo ocupado captando su atención durante mucho tiempo.
De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo. ¡Justo lo que necesitaba! Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo indicando:”Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie”.
Calculó que el pequeño tardaría días en componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba. “Papá ya he terminado. He conseguido rehacerlo”.
Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.
Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.
Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.
¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?
- Hijo, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo has conseguido recomponerlo?
- Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que al otro lado estaba la figura de un hombre….
Así que di la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo.
¡Hasta luego, Ángel!
jmvs

