Publicaciones > Revista nº 4

¡Sí, cambió algo... !

PARA REFLEXIONAR

Hace tiempo que, dada mi afición a la lectura, cayó en mis manos una narración: una pequeña historia que, al leerla me hizo pensar, y que se me quedó grabada de tal manera que hoy, varios años después, posiblemente modifique en parte mi vida.

La historia hablaba de un ciudadano, un turista, que paseaba un atardecer por una playa casi desértica, creo que era en Florida y, mientras caminaba, vio a lo lejos un hombre, un lugareño, que se agachaba constantemente, recogía algo y lo tiraba al agua. Una y otra vez lanzaba cosas al océano.

Cuando el turista se acercó más todavía, vio que el hombre recogía estrellas de mar que se habían clavado en la playa y una a una las iba devolviendo al agua. El turista se sintió confundido. Se acercó y dijo:

- Buenas noches, amigo. Me pregunto qué está haciendo.

- Devuelvo estas estrellas de mar al océano. ¿Ve?, en este momento la marea está baja y todas estas estrellas quedaron en la costa. Si no las echo nuevamente al mar, se mueren aquí por falta de oxigeno.

- Ya entiendo -respondió el turista- pero ha de haber miles de estrellas en esta playa. Es imposible agarrarlas a todas. Son demasiadas. Además, seguramente esto pasa en cientos de playas en el mundo. ¿No se da cuenta de que no cambia nada...?

El lugareño sonrió, se agachó, levantó otra estrella de mar para arrojarla de nuevo al mar y respondió:

- ¡Para ésta sí cambia algo!


Durante mi estancia en la selva del Perú, mi mujer y yo convivimos y tuvimos una buena relación, con una muchacha de allí, a la que, para referirnos a ella, llamaremos “India”, aún no siendo ese su auténtico nombre. Fue amable y cariñosa con nosotros todo el tiempo, y en especial, cuando mi mujer cogió la malaria. Más que como enfermera, actuó como hija, y siempre tuvimos en cuenta aquellos momentos de gran ayuda. En los actuales, habiendo ya regresado a España, nos enteramos de que “India” padece una enfermedad degenerativa de la sangre, difícil de curar en España, e imposible allá en su entorno, y nos planteamos la posibilidad de traerla con nosotros y tratar de curarla con los medios de que disponemos en España. Era, como vulgarmente dicen mis amigos y familiares, “un marrón”; trámites burocráticos, gastos económicos, pérdida de independencia, horas de espera en consultas, etc., y nuestros amigos, los que más nos quieren, nos lo desaconsejaron. Naturalmente, porque nos quieren. Y nos decían:

- “Olvidaos del tema. ‘Indias’ hay muchas en el mundo...”

Y tenían razón. Pero no nos descorazonamos. Me vino a la mente la historia de la estrella de mar. Y decidí, decidimos mi mujer y yo, intentarlo. Tras enojosos trámites, hoy está aquí, en nuestra casa, gracias a la ayuda de generosas personas, que afortunadamente las hay. Tenemos una nueva hija, de la que ya que no tenemos que ocuparnos de biberón, ni de pañales, ni siquiera de las notas del colegio. Solamente necesita la ayuda de Dios y nuestro amor. En lo primero, confiamos. De lo segundo, le va a sobrar. Encuentro, afortunadamente, la ayuda de algunas personas, lo que me hace confiar en el mundo. Estamos intentando su curación por todos los medios y, si Dios y la ciencia quieren, podremos conseguirlo y habremos contribuido a salvar una vida. Salvar una vida es salvar un mundo. Si lo conseguimos, podremos decir, como con la estrella de mar:

¡ Para ésta sí cambió algo...!

Ángel García Casado