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Una experiencia inolvidable

(Testimonio)

por Ángel García.

Ángel García en MazamariPor una serie de razones, cuya explicación haría este relato más largo de lo conveniente, Amparo mi mujer, y yo, tras cincuenta años de convivencia, y de haber comentado muchas veces nuestra común ilusión de poder hacerlo, decidimos aceptar la oportunidad que se nos presentaba de irnos a Mazamari, lugar de la selva del Perú , a colaborar con el Padre Joaquín Ferrer en la "Aldea del niño Fray Junípero Serra".No podíamos imaginarnos lo que aquella estancia de un año iba a influir en nosotros y en nuestro modo de ver en lo sucesivo la vida.

Quinientos niños, de ellos doscientos internos, se escolarizaban en la Aldea. Huérfanos gran parte de ellos. Nativos igualmente una gran parte. Y ser nativo es también ser huérfano de un montón de cosas. De derechos entre ellas.. En un país racista como es el Perú, ser nativo es ser el último escalafón en una larga serie de seres carentes no ya de las mínimas comodidades, sino hasta de las mínimas necesidades a veces. Y fue una atracción especial la que sentimos al convivir con ellos.

Nos recibieron al principio con natural recelo, pero al ver, "que vas de amigo" te abren su corazón, y te dan todo lo que tienen, que es casi nada.

En aquella zona, hay dos etnias nativas. Los Ashanicos y los Nomatsiguengas. Tanto unos como
otros mantienen su propia lengua e identidad como pueblo, formando comunidades con un alto grado de cooperación y ayuda mutua, imprescindible para sobrevivir en las condiciones en que lo hacen. No me atrevo a decir "penosas condiciones", porque hay cosas en su modo de vivir, que envidio. Otras, no tanto.

Sus suelos, en contra del criterio generalizado de que la tierra en la selva es muy rica, sufre prontos agotamientos, por lo que las familias tienen que cambiar de lugar en que vivir cada dos o tres años, pues de la agotada tierra no pueden obtener producción suficiente para satisfacer sus necesidades alimenticias básicas. Cada día hay menos caza, menos pesca, y es más difícil sacarle a la tierra la producción suficiente.

Los primeros perjudicados por esta situación, son naturalmente los niños, como más débiles, por lo tanto su desnutrición produce un alto índice de mortalidad. Muchos se pueden curar con la atención necesaria, y en nuestra íntima satisfacción cuenta el habemos trasladado en varias ocasiones al casi inaccesible lugar, para nuestra poca agilidad , producto de la edad, donde vivía Pilar, niña nativa que con tres años, pesaba escasos nueve kilos, apenas tenía cabello en la cabeza, y defecaba sangre y gusanos. Indudablemente, la niña se moría si no se le daba el tratamiento adecuado, si su abuela, (como tantos otros no tenía padres) o alguien no se preocupaba de hacerlo. Su abuela era una buena mujer, pero sumamente ignorante como
muchos del entorno.

Trasladarnos periódicamente, llevarle vitaminas, leche en polvo y la medicación adecuada, hacen que esta niña, hoy nuestra ahijada, sea ya una preciosa criatura de cuatro años, cuya sonrisa nos llena de satisfacción. Desgraciadamente, hay "muchas Pilares" en la selva del Perú.

Amparo con unas nativas en Mazamari

Pero no parece que eso sea un problema que preocupe demasiado a los sucesivos gobiernos. Como he dicho, parece como si el nativo fuese un huérfano de derechos Los pueblos indígenas están padeciendo un proceso de degradación que amenaza con su práctica desaparición. Son considerados como una minoría invisible, sin representación en los órganos del poder ni acceso a sectores importantes de economía, teniendo los mayores índices de mortalidad infantil, desnutrición, analfabetismo y peores condiciones de vivienda, sanidad y comunicación. Se da la paradoja de que los territorios naturales de los pueblos indígenas han sido casi siempre zonas privilegiadas por la naturaleza, que contienen bienes y riquezas codiciados por los llamados países desarrollados o "civilizados". Estos países han llevado a cabo una feroz política de colonización para saquear su madera, su petróleo, su oro o su riqueza agrícola. De esta forma, los nativos han sido las víctimas de la cruel paradoja de vivir entre abundantes riquezas y padecer las mayores privaciones.

A pesar de esas privaciones, su mundo es, afortunadamente, otro mundo diferente al nuestro. Es otro modo de vivir. Es otro concepto de los valores de las cosas. Nada es de nadie y todo es de todos. Lo que cazan, lo que pescan, lo que tienen. Todo es para compartir. De alguna manera son más ricos que nadie, pues no es cuanto posees lo que forma tu riqueza, sino cuanto saboreas. Y todo, lo de todos, es para saborearlo juntos. Son un pueblo diferente a cuanto he conocido o leído en mi vida. Son el auténtico pueblo al que admiro y envidio. Sin egoísmo, sin maldad, con auténtico sentido de la solidaridad.

Y esa es una de las cosas que debemos aprender y compartir. La solidaridad. Tratar de ayudar en lo que les sea más necesario a estas personas, que no son ni mejores ni peores que nosotros. Simplemente han nacido en un lugar menos afortunado que el nuestro.

¿ 0 quizá más...?. A veces me hace dudar.