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Nuestra ONG se gesta en un grupo de seglares y religiosos franciscanos que suelen reunirse en Valencia cada quince días. En  este grupo surgió el deseo y la necesidad de colaborar en alguna tarea humanitaria que fuese expresión del compromiso cristiano de todos ellos.

Es conocido que la Orden franciscana tiene un compromiso con la selva peruana prácticamente desde la llegada de los españoles a tierras peruanas. El trabajo de los franciscanos ha continuado en aquellas tierras a través del tiempo. Numerosos religiosos originarios de esta zona mantienen su presencia allí, especialmente a partir del 1958 con la creación de los Vicariatos de Requena y San Ramón.

También ha sido notable la presencia de numerosos laicos que han dedicado parte de sus vacaciones, o tiempos más prolongados, para trabajar en diversos proyectos, tales como los colegios de Mazamari, Orellana o Contamana, y la ayuda en diversos proyectos en Requena (talleres de carpintería y alfarería, escuela de magisterio).

El contacto con esa realidad ha hecho que nuestra mirada se dirija hacia la selva peruana.

Queremos ser cauce de la solidaridad y fraternidad con aquellos pueblos para que la promoción humana de sus gentes sea una realidad en todo lo que esté a nuestro alcance.

Pretendemos también aprender de aquella gente a mirar la realidad de nuestro mundo con un poco más de realismo.

Las zonas de actuación de nuestra cooperación están ubicadas en Departamentos deprimidos y desatendidos. No obstante, la realidad de la población a la que nos dirigimos, todavía es más precaria de lo que señalan los informes oficiales. Las ciudades son de fundación muy reciente; la mayor parte de sus habitantes viven en poblados, alejados unos de otros, con escasa o nula relación entre ellos, ya que en la Selva baja el único medio de comunicación es a través del río.

Esas comunidades permanecen cerradas a los recursos sanitarios y educativos; los trabajos son primitivos y rudimentarios, dedicándose fundamentalmente a la pesca y a la agricultura de subsistencia. Uno no se muere de hambre, pero no tiene dinero ni para comprarse una aspirina o un ladrillo. Carecen de agua potable y de alumbrado eléctrico. Los servicios sanitarios son inexistentes. Ello hace que tengan frecuentes enfermedades infecciosas, que suele producir la muerte, dada la imposibilidad de recibir el tratamiento específico.

Las condiciones climatológicas son también bastante adversas, con abundantes lluvias entre diciembre y abril, que suelen producir inundaciones. Eso condiciona extraordinariamente la agricultura y las zonas de habitabilidad, reducidas sólo a las zonas no inundables.

Los proyectos de la Asociación Hesed Perú se dirigen a personas que viven en durísimas condiciones de vida, con escasos recursos económicos y en una situación de desigualdad de acceso a derechos y deberes.